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Columna

Reforma dental y tributaria

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En las calles de Cartagena anda circulando una reforma tributaria que pretende subir las tasas impositivas de la ciudad y que tiene más dientes que los mostrados por el  señor Luis Suárez, jugador de fútbol de la selección uruguaya. Por la importancia del tema, presento algunas “masticaciones” reflexivas sobre dicha reforma:  

1) Siempre será más fácil presentar una propuesta para subir los impuestos y aumentar los ingresos, y poco observamos las iniciativas para bajar los gastos, mejorar la eficiencia, reducir la burocracia y fortalecer las instituciones contra la corrupción y la indolencia.

2) Poco sentido tiene presentar una reforma impositiva en la ciudad, mientras tengamos  una baja “tasa de recaudo tributario” que nos acompañe. Como referencia, para el caso del predial, si por cada peso facturado en Manizales, ellos recaudan aproximadamente el 86%, en Medellín el 78%, en Bogotá el 75%, en Cali el 79%, en Pereira el 89%, en Cartagena no llegamos al   45%.

Con ello, pensaría que es más sensato trabajarle a ese alto porcentaje de contribuyentes que no están pagando y que cada año quedan como  “cartera morosa” para el Distrito, que caerle con mayores impuestos a los que cumplen.

3) No obstante lo anterior, cuando observamos las evaluaciones comparativas de “Desempeño Fiscal” que anualmente hace Planeación Nacional (“DNP”), entre todos los municipios del país, encontramos que Cartagena, pese a su baja “tasa de recaudo”, tiene resultados sorprendentes por el lado de los ingresos. Lo que demostraría que los  contribuyentes que pagan, lo hacen en valores significativos. Por ejemplo, para el informe del año 2012 (que es el último que tenemos), en “ingresos totales per cápita” nos situamos entre las mejores ciudades capitales del país. Y cuando se comparan los “ingresos tributarios per cápita”, los resultados son aún mejores, apenas superados por Bogotá, Medellín y Barranquilla.

4) Caso curioso -en la otra esquina del análisis- cuando el “DNP” incluye los indicadores de desempeño fiscal que lo relacionan con  sus “gastos de funcionamiento” (la burocracia) y su “inversión pública”, nuestra clasificación, desafortunadamente, se cae.

Y ahí es donde digo que,  subir impuestos y no mostrar obras públicas, inversiones sociales o austeridad en el gasto, es minar la confianza en lo público.Como no tengo más espacio, recomendaría a los estudiosos que revisen las cifras para “los gastos corrientes per cápita” y la “magnitud de la inversión”, que relacionan los gastos totales con la inversión.

jorgerumie@gmail.com

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