Columna

La verdadera motivación

Compartir
GERARDO MÉNDEZ SOLANO
28 AGO 2014 - 12:02 AM

En 1983, los padres de Michael Dell le hicieron prometer desistir del negocio de computadores que planeaba. ¡Todos en su familia eran médicos! “Fue en ese momento en que decidí crear una empresa de computadoras. Así que en realidad, el que mis padres me dijeran que no debía hacerlo fue lo que me impulsó a hacerlo”, dijo Dell. Y así comenzó Dell Computers.

“Oliver es por lejos el peor alumno que he tenido en mi carrera en esta escuela…”, escribió el director del colegio de Olly Olsen cuando éste tenía 10 años de edad. A los 40, Olsen tiene una empresa con facturación anual de US$40 millones, y dice: “Quería demostrarle a mis maestros que no era bruto y podría llegar a ser un éxito”.

A Steven Spielberg le hacían bullying en el colegio porque leía más lento que los demás. Su escudo: hacer las mejores películas del mundo. Ollie Forsyth, un joven inglés con dislexia, al que molestaban en el colegio, vio un día la historia de Richard Branson, también disléxico, se inspiró y decidió tomar revancha, demostrándole a todos que no era estúpido. A los 13 años lanzó su primer negocio. Hoy, a los 16 años ya lanzó el segundo y gana mucho más dinero que profesionales graduados.

Hay cientos de historias de famosos como las anteriores: de Steve Jobs, Rihanna, Mark Cuban, Oprah… que parecen mostrar que la más profunda y verdadera motivación para ser un empresario ganador, nace del honor y la rabia.

Hasta hace unos pocos siglos, los seres humanos, e incluso sus predecesores, creábamos empresas por pocos propósitos: para defender nuestra integridad y prevalecer, o para conquistar territorios. Se construyeron para ganarle a otros de nuestra especie, porque venimos codificados así en nuestro ADN. Desde el punto de vista biológico, es un poco extraño escuchar que los empresarios hacen empresa para hacer un mundo mejor... Puede que sí… pero tal vez no es la razón de fondo de muchos. Debajo de ese propósito altruista hay una caldera interior mucho más poderosa y egoísta: atraer al mundo o a algunas personas y, al final, ganar poder, sentirse victoriosos. No conviene decirlo, pero cada vez parece quedar más claro que el éxito es impulsado por un sentimiento de revancha contra personas que nos agredieron en la niñez, e incluso después.

No digo que todos los empresarios sean motivados por esto, o que para ser exitoso tienes que haber sufrido el bullying, pero cada vez se prueba más que es un fuego motivador biológico enorme para emprender grandes proyectos y persistir. La venganza, por el honor y la rabia.

*Director de Criterium - Investigador de mercados – asesor estratégico

gerardo@criterium.com.co
@CriteriumSAS

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad