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SAL Y PICANTE

Es un chantaje. Ese “no respondemos si nos tocan a Dios” se corresponde con el consejo dado a la Morelli y pasa por encima de la legalidadCuando fue elegida por abrumadora mayoría la fórmula Álvaro Uribe Vélez-Francisco Santos C., la revista Diners, que dirigía Germán Santamaría, me encargó un perfil del ex periodista y vicepresidente de la República.

A Pacho lo vi unas pocas veces en la redacción de El Tiempo en Bogotá y en reuniones con políticos alternativos e intelectuales que él convocó para formar una “Selección Colombia” de urgencia en la crisis política y moral que provocó el Proceso 8.000.

Con el ímpetu de un hombre temperamental que dice no tener pelos en la lengua, Pacho se propuso formar en un fin de semana un grupo independiente que iría al Congreso de la República. El proyecto fracasó: por improvisado y porque, a lo mejor, nadie creía en ese muchacho animoso a quien Pablo Escobar secuestró para conmover y chantajear el corazón de don Hernando Santos, el gobierno Gaviria y la clase política colombiana.

En mi perfil de Diners definí a Pacho Santos, ya vicepresidente, como un “volador sin palo”. Entre las tantas explicaciones que Uribe le debe a este país hay una que dejó en suspenso en uno de sus disgustos públicos: cómo Pacho le lagarteó la nominación a la vicepresidencia y por qué lo decía con tono vengativo en pleno auge de su segundo mandato.

No me arrepiento de la comparación: en la vicepresidencia, y como director de noticias de una cadena radial que perdió la audiencia ganada por los directores que le precedieron, Pacho volvió a ser ese volador sin palo que confunde la sinceridad con la acusación temeraria, un apasionado que manotea y grita, un irresponsable que casi nunca mide las consecuencias de sus juicios públicos.

El lunes, por ejemplo, en la entrevista que le sirvió en bandeja María Isabel Rueda (¿quién hizo las preguntas?), Pachito dijo que si (la justicia) tocaba a Uribe se incendiaría el país. En el mismo publirreportaje, confesó que le aconsejó a la ex contralora Sandra Morelli irse del país, es decir, burlar la justicia.

La primera afirmación amenaza a la justicia y a los colombianos. Es un chantaje. Ese “no respondemos si nos tocan a Dios” se corresponde con el consejo dado a la Morelli y pasa por encima de la legalidad, como pasan por encima de la legalidad las acusaciones de “corrupto” a Gustavo Petro y las vallas con que quiso ensuciar un proceso de paz que no es de su primo sino de los colombianos.  

Ese es Pachito: un volador sin palo, un chico malo que juega con un fósforo y un bidón de gasolina, un gamín de buena familia que creyó que se podía dedicar a la política. Este es el candidato a la alcaldía de Bogotá: un ex periodista, un ex vicepresidente, un ex director de noticias que no debería andar acompañado por escoltas sino por una máquina de bomberos.

*EscritorÓSCAR COLLAZOS*ocollazos@costa.net.co 

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