Columna

Una paz verdadera

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DARÍO SOTO ABRIL
09 DIC 2014 - 12:02 AM

Recientemente escribía una amiga por Facebook su preferencia por la paz verdadera a la paz de Santos. Su comentario refleja la frustración con el proceso de paz, y los imaginarios construido en torno a esta.

Dependiendo de a quién le compremos la idea, lo que nos han vendido es que sea la del presidente, o la de Uribe, cada opción es automáticamente la paz, cuando no son sino dos formas de acabar con la guerrilla. Cosas distintas, pero relacionadas. Para el presidente, la negociación lleva a la desmovilización y esta al cese de hostilidades. Para los seguidores del ex presidente Uribe, la paz resulta de un esfuerzo militar que lleva a la rendición de la guerrilla y su consecuente desmovilización.

Independientemente de cual “paz” nos guste, la de Santos, o la de Uribe, es importante identificar varias etapas comunes a ambas opciones. En primer lugar, la etapa “Pre-firma” (o “Pre-rendición,”), determinada por un recrudecimiento de las hostilidades por parte de las Farc, sea en un escenario de negociación, a fin de ganar concesiones; o en la opción militar, para demostrar su vigencia y poderío. Secuestros como el del General Alzate, atentados terroristas y tomas guerrilleras serán la constante, aumentando el clamor de unos por reducir la intensidad de la guerra, y de otros, por ejercer mas fuerza sobre la contraparte.

La siguiente etapa es la de “post firma de acuerdos” (o “post rendición de la guerrilla”). En la opción negociada, las cabezas de la guerrilla reciben beneficios y se incorporan a la política, mientras que en la opción militar, el liderazgo de las Farc ha muerto en combate o termina en la cárcel.  En ambas, el verdadero desafío lo constituye qué hacer con 7,500 guerrilleros rasos que salen del conflicto. Es impráctico pensar que todos van a morir en combate o terminarán en la cárcel. Sea bajo la paz de Santos o la de Uribe, el Estado les dará concesiones para facilitar su reintegración, mediante estudio o generación de ingresos. Muchos excombatientes también acabarán en el narcotráfico como ocurrió con las Bacrim tras la desmovilización paramilitar.

La ultima etapa, la de paz verdadera, requiere estructuras bajo las cuales pueda florecer, pudiendo tomar muchos años en consolidarse. No solo es aprobar leyes, adoptar reformas económicas o construir infraestructura. Mas importante será la necesidad de que los colombianos tengamos conversaciones difíciles en torno a temas como desigualdad, corrupción, clasismo, indiferencia y narcotráfico, y a partir de allí construyamos espacios que resulten en una sociedad incluyente. La negociación (o rendición guerrillera) difícilmente nos dará soluciones mientras insistamos en ignorar dichos temas. Por lo pronto, yo me aventuro a preguntar: Y tú ¿cómo te imaginas la paz verdadera?

Dario_Sotoabril@hks15.harvard.edu

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