Sin una sustentación convincente se inició el trámite de la reforma tributaria en el Concejo Distrital. No hay duda de la necesidad de reformar el sistema impositivo de Cartagena. Sin embargo, en la exposición de motivos propuesta por la Alcaldía no se sustenta por qué es injusta la tributación local, especialmente el impuesto predial. Es preocupante, porque sobre este tributo se asienta casi toda la reforma y su impacto fiscal, estimado en $41 mil millones.
Esta falencia anula aspectos positivos de la reforma, como el de añadir en la definición de las tarifas el avalúo catastral (hoy solo se usa el estrato). También evidencia cuán subjetivo es el criterio usado por las autoridades para establecer las tarifas. Como no se muestran los segmentos de la población donde es injusto el predial, no se conoce si con el reajuste propuesto se logra el noble propósito de la equidad.
Citemos dos ejemplos. Si la propuesta del Gobierno fuera la correcta, ¿por qué un predio de estrato seis con avalúo de $83 millones deberá pagar una tarifa mayor que un inmueble del estrato 1 avaluado en más de mil millones? Y, segundo, ¿por qué los hoteles y algunos comercios seguirían pagando menos que muchos propietarios de los estratos 4, 5 y 6?
Esto no sólo viola uno de los principios de equidad, que los dueños de los predios de mayor valor deben asumir una mayor tarifa que los propietarios de los menos valiosos, sino otro de sentido común: los negocios deben soportar una mayor carga impositiva que los hogares.
De aprobarse la propuesta en el Concejo cambiarían las tarifas pero igual persistirían las inequidades tributarias, puesto que hoy los hoteles –que además gozan de jugosas exenciones nacionales– pagan menos en proporción que los estratos altos.
Fiscalidad es desarrollo, reza la máxima económica. Por ello causa desazón la oportunidad perdida en esta reforma para promover aspectos sensibles como la movilidad, la supervivencia empresarial, la financiación responsable del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) del Centro, y contribuir a resolver problemas sensibles como la gentrificación del mismo y la inclusión productiva de la población más pobre.
¿Por qué no usar el impuesto de industria y comercio para desincentivar el uso del automóvil y estimular los micros y pequeños negocios? ¿Tendrán suficiente los habitantes de Getsemaní con los incentivos que se proponen con la reforma ahora que se aumentarían las tarifas? ¿Por qué no capitalizar el auge constructor para mejorar la financiación de la cultura con tarifas del impuesto de delineación urbana más justas, en vez de darles descuentos del 25% a los ricos que pueden hacer obras nuevas en el Centro?
*Profesor UTB-Director del L+Id
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