En estos días, quienes padecemos la tortura de vivir en Bocagrande, Castillogrande y El Laguito, vivimos una pesadilla que bien puede ser descrita como la tragedia perfecta.
Una conjunción perversa entre el incremento de las mareas, unas obras de reparcheo, el exceso de carros y los aguaceros dieron como resultado que este envilecido sector se llene de “piscinas“ y de inmensos atascos de carros. Este es el típico caso del divorcio entre el discurso y la realidad, pues los ilusionistas de la publicidad venden una imagen idílica de un sector cuya realidad es un desastre urbanístico, con vías llenas de grietas y aceras despedazadas, que obligan a caminar con cuidado para evitar un accidente, además de las ubicuas basuras regadas por indigentes que con el pretexto de rebuscarse la esparcen a la topa tolondra y tapan las rejillas, y así el mínimo aguacero produce inundaciones. A esta tragedia se une la acción de las mareas que inundan las calles.
Los hechos de esta semana desvelan el envilecimiento del sector turístico, en donde es paradójico observar edificios cuyos apartamentos valen miles de millones rodeados de calles inundadas. La causa de este caos ha sido una patética conjunción entre el aumento de las mareas, la ligereza en la expedición de licencias de una muchedumbre de edificios de más de 40 pisos y la avidez de algunos empresarios quienes en un empeño ridículo de convertir este sector en una imitación tercermundista de Manhattan lo han convertido en un esperpento.
Da vergüenza decirlo, pero todavía, a pesar de la deteriorada calidad de vida del sector, algunos cartageneros viven embriagados con el mismo discurso de la “bella vista de la bahía”, sin reconocer simultáneamente que el sector turístico al lado de la hermosura de su paisaje, tiene problemas graves de atascamiento porque no hay vías para tantos carros, sin embargo, a pesar de estos hechos, algunos ingenuos siguen pensando en una utopía turística. Es cierto que de noche los edificios iluminados se ven “lindos”, pero debajo del espectáculo nocturno “Manhattoide” y de los letreros en inglés que tienen muchos locales comerciales subyace una tragedia urbana que, parafraseando a Guillén, se puede expresar así: “Ay Bocagrande, yo que te conozco tanto, tus edificios son de lujo pero tu hábitat es de llanto”.
Lo más grave de la debacle de Bocagrande es que no hay esperanza de que se pueda aliviar fácilmente.
El editorial del 12 de diciembre de El Universal afirma que dentro de 5 años “el nivel medio del mar en Cartagena y sus alrededores habrá crecido 7,75 cm”, por lo cual pienso que es hora de que las autoridades distritales, asesoradas por especialistas, implementen soluciones antes de dedicarse alegremente a expedir más licencias de construcción.
*Columnista
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