Hace cuatro años Sir Simon Rattle nos sorprendió con la “ritualización” del oratorio “La pasión según San Mateo”, de J.S. Bach, una sólida estructura musical cuya belleza sin parangón permite apreciarla sin seguir libreto alguno y sin imágenes de ninguna clase. Así la conocí, primero en discos de acetato, luego en CD y por último en DVD, en la ya clásica grabación de Karl Richter.
Pero aun con las imágenes de los coros, los solistas y la orquesta, la obra no ofrecía argumento diferente a las palabras del evangelio en alemán, idioma incomprensible para nosotros. Pero Rattle se alió con Peter Sellars, un curioso personaje que parece sacado de una tira cómica, pero que fue capaz de imaginar una “puesta en escena” para este oratorio, transformándolo en algo que al mismo tiempo es pero no es ópera, porque la obra sigue siendo un oratorio.
No sé, no me atrevo a afirmarlo, pero el resultado es tan sorprendente y la interpretación tan impecable, que creo que el propio Bach hubiera aplaudido. La cooperación de Sellars con Rattle produjo entonces una obra diferente siendo que es la misma, una especie de música en “estado cuántico” modulada por un “principio de incertidumbre” (si es tolerable la analogía) similar al que rige el comportamiento de las partículas subatómicas. Sin embargo, Bach sigue siendo Bach, sin ninguna alteración, sin ninguna incertidumbre.
Cosa diferente ocurre con la obra del compositor alemán contemporáneo Hans Zender (nacido en 1936) publicada en la web de la Filarmónica de Berlín el 29 de noviembre pasado, bajo la batuta de Rattle. Es el ciclo de canciones “Winterreise” (viaje de invierno) de Schubert, concebido originalmente para barítono y piano (una versión clásica es la de Gerald Moore/Dietrich Fisher-Dieskau). Es música sin actuación, sólo piano y voz plenos de una riqueza armónica, melódica y rítmica incomparables.
Nunca pensé que alguien se atreviera a tocarla, pero he aquí que Zender la recreó para tenor (Christian Elsner en la versión web) y orquesta de cámara con una tímbrica impensable en la época de Schubert: instrumentos eólicos, amplia y rica sección de percusión, arpa, guitarra, acordeón, sexteto de cuerdas, maderas, cobres, en fin, un sonido contemporáneo que acompaña con dramatismo, buen gusto y belleza las canciones originales. Es Schubert y no es Schubert, es Zender y es Schubert, es el Winterreise del siglo XXI.
¿Qué pensaría Schubert si pudiera escucharlo? No lo sé, pero a mí me encantó: gracias a Zender por atreverse y por hacerlo tan bien. Hay que ser un gran compositor para haber logrado conservar el espíritu y el intimismo de Schubert alterando su música con recursos contemporáneos.
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