La temporada de fin de año reportó muy buenos balances al comercio del sector turismo. Cosa que me alegra. Pero no todo es comercio, hay más.
El Festival Internacional de Música tuvo una calidad artística incuestionable. Pero hay que sugerir un par de asuntos para mejorar. En primer lugar, los eventos “gratuitos” en la Plaza de San Pedro son cercados por odiosas vallas que excluyen y contribuyen a zanjar las diferencias sociales, además de que son casi “reservados” para un patrocinador y en ellos parece ser más importante la transmisión de televisión que el público presente. También incomoda a los cartageneros que el staff del Festival es andino, en su mayoría. Ni siquiera tiene oficina en Cartagena. El evento pareciera seguir esa perversa lógica que piensa equivocadamente que el caribe es perezoso, mediocre y vulgar. Es tiempo de recapacitar. En el Caribe hay gente muy valiosa, con criterio estético y profesional que puede hacer parte del Festival en cualquier nivel. Ya es hora de pensar en Cartagena como algo más que un simple escenario.
Pero el asunto no es exclusivo del Festival de Música. Lamenta uno, como escritor y cineasta, que los otros dos eventos trascendentales: Hay Festival y Festival de Cine, sigan tratando a la ciudad como un simple decorado. Que no se le involucre más y mejor. Que solo la vean como un lugar donde lucrarse. Que se piense más en ella como destino comercial o frívolo y no como un destino estético de trascendencia. La prueba: el Hay Festival tampoco tiene oficina visible en Cartagena y su programación parece responder más al oscuro interés del mundo editorial mezclado con el aún más oscuro mundo político capitalino.
Por su parte, el Festival de Cine cada vez más es una simple pieza de un monopolio económico ultramontano. Y este año, para variar, trae importada a una improvisada directora que comenzó con pie izquierdo al proponer un fatal afiche que impone una estética capitalina por la fuerza (cachaco con bermuda y medias). Señores Junta Directiva: en la ciudad, en el Caribe, hay gente digna que podría asumir esa responsabilidad con altura, hidalguía y profesionalismo. Gente que podría retornarle, además, esa mística que el Festival perdió con los años y que fue su sello de origen. Ese afiche no lo habría aprobado jamás Don Víctor Nieto. Y García Márquez, menos.
Estas cosas que ocurren en Cartagena, para no cansarlos, son las que lo hacen pensar a uno en que la ciudad es más tratada (mal tratada) como una prostituta que como la Gran Dama que es. Y entonces recuerda uno la Canción para la Magdalena, del gran Joaquín Sabina: “la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras…”
Ensuncho de la Bárcena@CineastaRural
