A más de ocho meses de las elecciones locales, nuestras cuentas indican que al menos 17 personas piensan lanzarse al ruedo para aspirar a ser el próximo alcalde de Cartagena.
En un proceso electoral, el candidato típico hace alarde de un supuesto conocimiento que tiene de la ciudad, pues se ha ocupado de recorrer los barrios y de saludar y escuchar a sus líderes, y de haber obtenido una valiosa experiencia tras ocupar cargos públicos o de representación política.
¿Es suficiente, preciso y pertinente ese conocimiento para ser un administrador público efectivo, cuyas decisiones afectarán a locales y visitantes? Lo más probable es que no.
Los juicios individuales tienden a ser poco objetivos, pues dependen de factores como la historia de vida, el trato con otros y, en general, de convenciones, reglas morales y normas sociales. Todos nos creamos un modelo mental sobre cómo vemos nuestros problemas y los de otros, y, como sociedad, terminamos compartiendo muchos de estos modelos mentales que no siempre interpretan bien la realidad.
Con seguridad, algunos candidatos han revisado información producida por la misma Alcaldía o por proyectos como Cartagena Cómo Vamos (CCV), y unos cuantos han leído publicaciones académicas al respecto. Sin embargo, el grueso de la información que se produce en Cartagena tiene restricciones.
De una parte, la información que se produce desde las encuestas de percepción (como la de CCV), si bien es necesaria para saber qué piensa la gente, no dice mucho sobre los impactos o resultados que tienen determinadas políticas. Por otro lado, el informe de calidad de vida de CCV o las rendiciones de cuenta, que se alimentan de la información que suministra la administración distrital, muestran la situación desde la otra orilla: la de quienes tienen los recursos políticos y económicos para incidir directamente en las decisiones públicas y que se esmeran en presentar información favorable a su gestión.
El desarrollo de la ciudad no debería estar basado principalmente en lo que las personas dicen percibir, ni en lo que una administración dice hacer o en el modelo mental del mandatario de turno. Necesitamos evaluaciones y análisis de las políticas públicas que trasciendan dicha restricción, proporcionen información objetiva y ofrezcan alternativas a los nudos de la ciudad.
Lo triste para Cartagena es que aquellos profesionales idóneos, que con mucho esfuerzo se han formado en las mejores universidades, no quieren, por esos mismos nudos, vivir en la ciudad. ¿Será que se animan y se lanzan al ruedo?
*Profesor, Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTB
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