Si no hay justicia social y equilibrio económico para los ciudadanos, jamás habrá paz para los gobernantes, así sentencio Emiliano Zapata en su revolución mexicana hace más de 150 años, lo cual aplica a Latinoamérica y obviamente a Colombia.
En nuestro país se habla de paz todos los días, tanto en los discursos gubernamentales, como en todos los medios de comunicación, pero lo que menos hacemos son acciones para alcanzar la paz social y económica de nuestra gente.
Estamos fallando rotundamente en el sistema educativo, donde existen falencias estructurales, habiendo profesores resignados a su diario repetir de clases, sin más formación académica que la de pregrado. Tampoco la sociedad, ni la familia son buenos académicos para enseñar a los ciudadanos normas de convivencia y responsabilidad social, donde nuestros niños y jóvenes han recibido muchas clases de contenido escolar en primaria y secundaria, pero poco o nada en educación en formación de valores, sexo de parejas, preñez, crianza de hijos, etc.
No podemos hablar de justicia social, cuando nuestras niñas quedan embarazadas, en un alto porcentaje, antes de los dieciocho años. No podemos hablar de una sociedad equitativa, cuando nuestra gente vive del rebusque y la informalidad, no podemos hablar de paz, ni de bienestar comunitario, cuando el presupuesto militar cada año en Colombia es de 27 billones de pesos, es decir, 70.000 millones diarios.
En nuestro país, la plata de la seguridad ciudadana se la lleva la guerra y los recursos de la inversión social, también. Qué bueno que el gasto público pueda reorientarse hacia otras dinámicas económicas y hacia la lucha contra el único enemigo que vale la pena derrotar: la pobreza extrema.
Al ser humano hay que reeducarlo, a la familia en general y a los padres e hijos en particular. Hay que reeducar a los funcionarios públicos y a los empresarios privados, enseñándoles que todo no vale y que el fin no justifica los medios, a los gobiernos decirles que con inversión social en educación, salud, deporte, cultura, es que recuperaremos nuestra sociedad y sus valores.
Pero para que lo anterior se pueda dar, necesitamos un estado reestructurado en función de sus deberes legales y constitucionales, al construir y operar una social democracia, es decir, un Estado social de derecho inspirado en los principios de legalidad y responsabilidad.
*Concejal del Partido de la U
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