A los humanos nos ocurren cosas sorprendentes que nos ocasionan incertidumbres. Muchas de esas sorpresas y dudas las provocan personas doctas cuyos escritos suscitan más recelo del que despejan. Por ello, al tratar alguien de convencernos de un negocio con el argumento de la lechera, rechacémoslo.
La empresa Isagen es altamente rentable para el Estado, pulcra y eficientemente gerenciada. Si esto es verdad, ¿por qué venderla? Qué argumentos exponen quienes están a favor de vender una empresa que no está quebrada, tampoco es ineficiente, tiene hidroeléctricas de gran escala cuya construcción es tan riesgosa que el sector privado no se atreve a construir. Merece, por su desempeño, ponerla de ejemplo de cómo el sector público sí puede administrar bien, con honestidad y efectividad.
Además, y esto es lo mejor, tiene el 50% o más de los ingresos seguros y definidos por el cargo por confiabilidad. Mejor dicho, es un tesoro cuyas utilidades no se terminarán mientras corra el agua.
Entre las razones para convencer a los colombianos de que el Estado debe entregar ese fabuloso tesoro están: a Isagen no se la llevarán para otro país, el dinero de la venta se usará para construir vías, las cuales facilitarán el incremento del comercio exterior porque crecerán las exportaciones; todo esto mejorará el ingreso y por tanto su distribución.
Al encontrarnos con ideas de mentes afiebradas por la codicia hay que pensar que detrás de los discursos y los escritos puede estar armándose una zalagarda.
Antes de que se cumpla la emboscada financiera y para que no se haga real el fantasma que vaga por la mente de los ambiciosos que desean encontrar negocios hechos y rentables, respondamos a los razonamientos de los compradores. Los inversionistas no compran una empresa para llevársela. Compran sus utilidades, estas sí para llevárselas, y que en pocos años retornarán el capital invertido.
No es creíble que lo que más incida en nuestra ineficiencia productiva sea el transporte, olvidándose de otros factores como la falta de preparación de la mano de obra, de la cultura del trabajo, de la honestidad, de la ausencia de motivación salarial que obliga a muchas personas bien capacitadas y hábiles a buscar otros países con mejores salarios y calidad de vida.
Aunque no se puede negar que la inversión en infraestructura es necesaria. Dejemos que Isagen continúe produciendo utilidades a la nación y no cambiemos una realidad por las cuentas de la lechera. Hay que buscar los 5 mil millones con la banca de inversión, y la renta de Isagén para la nación utilizarla en amortizar el crédito. En la consecución del crédito puede ayudar el ex P.M. Tony Blair, con relaciones importantes en Arabia Saudita.
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