En una reciente reunión con periodistas de medios de comunicación nacionales, hablamos de los contrastes de Cartagena; manifestaban lo sorprendidos que estaban con la ciudad y con la riqueza que generaba, y también con la pobreza que la acechaba. Si analizamos el comportamiento de la economía local, la percepción de nuestros visitantes se ratifica; según las últimas cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) sobre la producción del país por departamentos, la región Caribe creció en 2013 a una tasa más alta que el crecimiento de la economía nacional, y el departamento de Bolívar fue el de mayor crecimiento con una variación histórica de 10% en su Producto Interno Bruto (PIB).
Pese a las buenas noticias de la economía, aún no basta. A pesar de que tenemos una de las tasas de desempleo más bajas del país, persisten en el mercado laboral cartagenero problemas estructurales que no permiten que los buenos resultados de la economía se reflejen en mejores indicadores sociales, especialmente en pobreza, bienestar y calidad de vida. Tenemos una de las tasas de empleo informal más alta del país, buena parte de nuestra población trabaja por cuenta propia y en empleos de baja calidad. Lo anterior obedece, entre otras cosas, a un desajuste entre la oferta y demanda laborales, ampliamente estudiado por el Observatorio del Mercado Laboral de Cartagena y Bolívar (OML), y a su vez se han hecho en esos estudios muchas recomendaciones de políticas públicas para cerrar estas brechas. Al parecer el problema no es solo de crecimiento sino también de distribución.
Así las cosas, y a propósito de conmemorar los cien años de la Cámara de Comercio de Cartagena, llama mucho la atención que en un informe del Real Consulado de Cartagena de Indias sobre la economía local a la Suprema Junta Provisional de la misma ciudad en 1810, se recomendaran acciones a emprender para mejorar la competitividad de la economía, especialmente de la industria y las exportaciones, y que muchas de esas recomendaciones sigan vigentes dado que su ejecución se ha venido aplazando por diferentes razones, por los líderes de cada momento, hasta nuestros días. Si la revisamos parece que hubieran sido escritas en esta época, como por ejemplo las sugerencias sobre educación apropiada no solo para las apuestas productivas de la ciudad sino también para el buen comportamiento en sociedad.Esperemos que dentro de los próximos 100 o 200 años, nuestros dirigentes del futuro no enfrenten el mismo dilema.
*Jefe de Investigaciones EconómicasDirector CEDEC, Cámara de Comercio de Cartagena
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