Columna

¿El alma al diablo?

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SOFÍA GAVIRIA
06 JUN 2015 - 12:00 AM

Ahora, cuando Isagén puede quedar en manos extranjeras, preocupan las consecuencias políticas, jurídicas, financieras, sociales, ambientales y de seguridad nacional y especialmente, los antecedentes de las empresas proponentes en esta transacción, seis compañías: la francesa GDF Suez, la China Huadian Corporation, la española Gas Natural Fenosa, la estadounidense Duke Energy, la canadiense Brookfield Asset Management y la chilena Colbún.

Estando a punto de poner la soberanía energética en manos foráneas, es necesario analizar el impacto en otros lugares de esas multinacionales que quieren a Isagén.
Como la GDF Suez es, según los que saben, la más opcionada, me referiré a una parte de su patético historial de inversiones, que llamó la atención de la Red de Acción Climática de Europa por financiar de manera desproporcionada a candidatos al senado de los Estados Unidos, que insisten en la inexistencia del cambio climático o a senadores opuestos a las iniciativas del gobierno estadounidense de tasar las emisiones de dióxido de carbono.

¿Y qué decir de que el año pasado, en Italia, se confiscó la central eléctrica Vado Ligure, de GDF Suez, por causar supuestamente la muerte de 442 personas y la enfermedad de otras 2.400? Esta medida se produjo por dos investigaciones solicitadas por la fiscalía de ese país, por desastre ambiental y por homicidio culposo.  La GDF Suez generó a través de sus proyectos en Latinoamérica serios impactos ambientales: arriesgó a poblaciones tradicionales, pueblos indígenas aislados y ecosistemas amazónicos, como lo denuncian importantes entidades internacionales, que acusan a GDF Suez de violar las normas de protección ambiental y de ignorar los derechos de las poblaciones indígenas, amenazadas por la hidroeléctrica de Jirau, en Brasil.

Al garantizar el patrimonio ambiental colombiano que hoy controla Isagén, el Gobierno debería considerar que en 2010, a GDF Suez le dieron el segundo puesto en el Public Eye Award, un antipremio anual en Davos, Suiza, dado a la empresa u organización más irresponsable social y ambientalmente en el mundo. Lo logró por liderar el consorcio encargado de construir la mencionada hidroeléctrica de Jirau.

A esa represa se le deben, según la prensa brasileña, las mayores inundaciones en cien años en la Amazonía de Brasil y Bolivia. Según la Fundación Milenio, en las inundaciones del año pasado hubo 59 muertos y 111 millones de dólares en pérdidas. Estos son sólo tres de los antecedentes que alarman al mundo por atentar contra el ambiente y así contra la salud humana. ¿A empresas así queremos entregarles el tesoro ambiental que custodia Isagén? 
Vender Isagén es vender el alma a GDF Suez y así, al diablo.

*Senadora
 
gaviriacorrea@gmail.com
 

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