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“Queda prohibido en la ciudad y en los corregimientos del Pie de la Popa, Manga, Espinal, Cabrero, Pekín, Quinta y Amador, el baile conocido con el nombre de cumbia o mapalé”, decidió mediante Acuerdo no. 13 el Concejo de Cartagena en 1921.

Aunque suene risible, las prohibiciones de los bailes de negros vienen desde la Colonia. El negro no era considerado persona y sus valores culturales eran motivo de burla y descalificación. Les decían “pecaminosos”, pues incitaban a la lujuria y a la violencia. El veto de autoridades civiles y eclesiásticas a las manifestaciones populares en Cartagena ha sido constante frente a disfraces, instrumentos, máscaras, músicas y hasta sistemas de sonido.

Ahora, un grupo de concejales ha propuesto, casi 100 años después –con el beneplácito de la Alcaldía y entes de control- prohibir lo que llaman “bailes sexuales o eróticos” en menores de edad, y plantean sanciones para padres o adultos que los fomenten.

Para los ponentes, estos bailes son parte de las trampas de la pobreza porque inducen a los niños a incurrir en “conductas inadecuadas” que causan embarazos indeseados, deserción escolar, abortos, pérdida de la dignidad femenina y enfermedades de transmisión sexual.

Los videos que motivan la propuesta muestran a niños practicando el “baile choque”, una coreografía de origen impreciso que junto al reggaetón se ha difundido por Centroamérica y el Caribe.

En Cartagena lo llaman el “baile plebe” y puede que a veces se baile al son de la champeta, pero no es propio de este género, que sufre una nueva estigmatización por cuenta de un fenómeno juvenil que los adultos no saben cómo manejar.Una “trampa de la pobreza” es otra cosa: es una situación indeseable e insuperable para quienes son pobres, que la prolongaría a la siguiente generación. El embarazo adolescente es un ejemplo típico y muy serio, pero no hay pruebas de que un baile lo sea. Mucho menos que cause embarazos.Un estudio de Profamilia de 2013 demuestra que la fecundidad la explica un conjunto de factores relativos a la persona, el hogar, el contexto comunitario, y factores institucionales. El estudio señala que el embarazo juvenil aumentó (incluso en no pobres) mientras disminuye la edad de iniciar relaciones sexuales. Argumenta que son factores protectores la asistencia escolar, el hogar nuclear, el clima educativo del hogar, y la educación sexual formal e informal.

Las políticas públicas de la ciudad, especialmente las que pretenden combatir la inaceptable pobreza y las altas tasas de embarazo adolescente, deberían basarse en estudios, no en especulaciones, creencias religiosas, poses moralistas o incomprensión cultural.

Twitter @Ginaruzr

 

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