Setenta largas mangueras negras drenaban, al amanecer del pasado jueves 3 de septiembre, los seiscientos metros del túnel sumergido del nuevo anillo vial que se construye en Crespo. Las aguas provenientes de las obras caían directamente al mar. La noche anterior había caído una ligera llovizna, de corta duración, sobre el área.
Una de las primeras obras realizadas, gracias a la solicitud de los vecinos, pues no estuvo prevista, fue un emisario de aguas lluvias que por la pendiente del barrio van a parar al mar. Hoy el drenaje no es totalmente satisfactorio y en algunos casos se empozan las aguas. Por otro lado, al mar van a dar directamente aguas negras de manjoles que se rebozan.
La primera plana de El Universal del miércoles 2 titulaba: “Andenes para el puente de Marbella”. Luego de asfaltar todo el puente, el asfalto de los terraplenes fue desmontado por el aparente olvido de los andenes en el diseño de la obra.
Hace dos semanas se inició la construcción de una “barrera submarina”, llamada a proteger el túnel y la línea de costa. Enormes bolsas de tela plástica fueron rellenadas de tierra y emplazadas paralelas al borde de mar, entre espolón y espolón. El mar poco a poco ha desbaratado las bolsas, algunas de ellas fueron encontradas arrumadas esa misma mañana del jueves en “la playa”.
Camiones cargados de piedra siguen llegando, a escasos cincuenta días de inaugurar el túnel, para reforzar sus defensas. Ya pasaron las semanas cuando mucho del concreto instalado fue roto por taladros y cambiado por nuevo para reforzar la obra. Hoy se puede apreciar, entre un hotel y el puente construido, una capa de asfalto donde antes era una duna y por ninguna parte se constata el surgimiento de las anunciadas playas.
Este proyecto vial fue decidido por una empresa privada, concesionaria de la Vía al Mar. Sin estudios de alternativas serios, ellos escogieron “la solución” del túnel sumergido, mientras el Estado minusválido acogía su propuesta que tendría acompañamiento de expertos holandeses en gigantescos diques y obras hidráulicas de reconocimiento mundial. Tal vez fue una treta para espantar a la Ingeniería local.
Entre improvisación e improvisación un proyecto presupuestado alrededor de los setenta mil millones de pesos, hoy vale mucho más. Y aunque es un proyecto privado, los recursos son públicos, pagados gracias al retorno económico después de una larga y rica proyección financiera que aumenta con los sobrecostos.
La obra se ha rediseñado tantas veces, que los caminantes matutinos por la zona se preguntan por los afamados holandeses. ¿Qué se hicieron? Ojalá se convoque una comisión neutral de ingenieros que rinda un informe antes que esa empresa se vaya y sea reemplazada por la nueva que operará la concesión.
*Columnista semanal
albertoabellovives@gmail.com