Los cactus, plantas icónicas de los desiertos y zonas áridas del Neotrópico, aparecieron hace 29 millones de años cuando el clima mundial se tornó xérico enfriándose y secándose gradualmente. Así, algunas plantas evolucionaran para vivir en lugares secos, de ahí su nombre común de plantas xerofíticas. Los primeros cactus eran arbustos pequeños con hojas capaces de retener agua, con espinas en las ramas y troncos para defenderse de los herbívoros. Parientes de estos son el guamacho y el bledo, típicos de nuestros bosques secos.
Con los Andes y el surgir de sus valles y altiplanos, la aparición de desiertos en Norteamérica y llanuras secas en el cerrado de Brasil, estos cactus ancestrales se diversificaron, formando los tunos, cardones, columnas, cabezas, colchones de suegra y las pitahayas que crecen sobre otros árboles. Todos ellos se especializaron en vivir en el desierto, desarrollando una amplia red de raíces superficiales capaces de tomar hasta el mínimo rocío, troncos suculentos como tanques de agua, eliminando sus hojas para no evapotranspirar el agua almacenada, espinas feroces de las más diversas formas para proteger este liquido vital, y perfeccionaron la fotosíntesis en los tallos tomando el dióxido de carbono durante la noche (la mayoría de las plantas lo hacen durante el día).
Hay 1,480 especies de cactus, muchas restringidas a regiones muy pequeñas, y muchas útiles para la humanidad, o como retenedores de suelos, alimento para animales herbívoros hábiles en evitar ser chuzados, productores de grandes y bellas flores aromáticas polinizadas por murciélagos y polillas que se alimentan de su néctar, y dando frutos dulces a cientos de especies de aves. Son tan bellos que hay gran afición por los cactus como plantas de jardines xéricos o xeripaisajismo, o de interiores y hasta supuestos retenedores de energías negativas de computadores y celulares, llegando a convertirse en una cactomanía.
Pero su comercio desaforado y el afán de coleccionar todas las especies llevó a sobreexplotar las poblaciones naturales. Desde hace varias décadas, todos los cactus están protegidos por el convenio internacional de trafico de especies (CITES) y en un estudio reciente de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza UICN encontró que cerca de la mitad de las especies de cactus están en vías de extinción.
La tierra pasa por el sexto evento de extinción masiva de especies, pero a diferencia de los cinco anteriores por causas naturales, éste es, como el calentamiento global, antropogénico. Es irónico que plantas como los cactus, las mejor adaptadas a los desiertos que sin duda serán el paisaje más común de la tierra, desaparezcan por sobrexplotación, trafico ilegal y conversión de su hábitat.
*Director de la Fundación Jardín Botánico “Guillermo Piñéres”, Profesor Titular de la Universidad de los Andes.
SANTIAGO MADRIÑÁN, PH.D.
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