La mutación de Bocala, de tres apacibles vecindarios que eran de sus habitantes, hacia otros donde convive el turismo, comercio, oficinas, salud pública, etc., nos hizo perder pertenencia e identidad de los que vivimos acá. Hoy todo el mundo piensa que Bocala es de todos, menos de sus raizales. Todos tienen derechos, menos nosotros.
Nuestras calles y playas fueron privatizadas; no hay un milímetro para estacionar sin que aparezca el “cuidador”, que en un segundo establece una relación obrero-patronal obligatoria con el conductor. “¡Allí está bien, patrón!”, exclama. Precio por no pagarle: un rayón. Los carperos son amos de nuestras playas. Nuestros parques y paseo peatonal son cantinas al aire libre, con ruido y sucio. En el paseo peatonal amanecen botellas de licor rotas y restos de comida, entre otras cosas.
Hasta nos privatizaron nuestro derecho a movilizarnos. Al ser Bocala un barrio terminal y aislado, nuestro tráfico en nada afecta la movilidad del resto de la ciudad.
Esto facilita que nos cierren nuestras calles cada vez que hay una competencia deportiva. Claro: los únicos afectados somos nosotros, y además, como somos los más bobos, nunca nos quejamos, como sucedió en el fin de semana del 17 y 18 de octubre con una triatlón.
Nuestras autoridades, por temor a que las tilden de “elitistas”, nos imponen un pico y placa de 12 horas en un barrio que no lo necesita; y de ñapa, tenemos que aguantarnos nuestras vías cerradas cada vez que hay alguna competencia deportiva sin que esto suceda en otros barrios, donde la gente con seguridad se rebelaría. A ninguna junta de acción comunal ni a nuestros moradores se nos pregunta si nos molesta o no que nos cierren nuestras calles, como si acá no tuviéramos derechos.
¿Qué hay que hacer para que a nuestra comunidad se la consulte, como a otras en la ciudad?
Y la gran mayoría de las manifestaciones son a la entrada de Bocala, desconectándonos del mundo cada vez que alguien protesta. Esto nos creó gravísimos problemas de aislamiento y movilidad, sin la calidad de vida por la que se paga, ni tenemos los beneficios de ser un barrio terminal.
En contraste, los habitantes de la Crisanto Luque y la Urbanización El Refugio, siendo un barrio de paso, no se dejaron imponer la vía en un solo sentido, perjudicando a todo el trafico de la ciudad. ¡Hasta concejal pusieron! Acá hay que saber volear piedra y bloquear la ciudad, para que los derechos, o los abusos sean reconocidos.
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