Los estándares de confidencialidad requeridos por el manejo altamente profesional mediante el cual se han conducido los diálogos de paz con las Farc han implicado una suerte de paradoja.
Si bien la prudencia y la discreción de la mesa de conversaciones son claves para que los diálogos lleguen a buen término, esos mismos factores afectan su vulnerabilidad ante el protagonismo mediático de quienes abanderan intereses políticos opuestos a la solución negociada del conflicto armado y a las transformaciones sociopolíticas que requiere la construcción de la paz.
Una de las narrativas demagógicas que más encuentran eco y se repiten entre nuestra población es que se desconoce qué ha sido acordado en la mesa de negociaciones.
Pero lo que se ha acordado hasta el momento en la mesa de negociaciones está disponible y abierto al público en www.mesadeconversaciones.com.co.
Además, tras cada ciclo de conversaciones, se publican -en esa misma página web- comunicados conjuntos en los que el Gobierno y las Farc expresan y resumen lo abordado en ellas.
Es de vital importancia que todos los ciudadanos nos interesemos por enterarnos bien, y por reflexionar individual y colectivamente, sobre los acuerdos a los que se ha llegado en La Habana: Política de Desarrollo Agrario Integral, Participación Política, y Soluciones al Problema de las Drogas Ilícitas.
¿Cómo entendemos lo que dicen los acuerdos? ¿Cómo valoramos cada una de sus propuestas? ¿Cómo nos sentimos frente a las ideas que plantean? Estas preguntas solo podremos responderlas, personal y socialmente, si los leemos. Si, por el contrario, nos dedicamos a opinar irreflexivamente antes de conocer aquello sobre lo que opinamos, no estamos haciendo más que menoscabar nuestra inteligencia ciudadana.
Con mis estudiantes hemos leído detenidamente los acuerdos. Lo que más me ha impactado es cómo se sorprenden cuando ven directamente lo que los acuerdos establecen, ¡tan distinto a lo que creían!
Pero claro profe -me dicen- es que si uno solo escucha lo que los medios y los políticos dicen sobre el proceso de paz, uno se queda con una visión muy parcial y distorsionada de lo que contienen los acuerdos de La Habana, y de los retos que tenemos -nuestros retos- para construir un país que pueda aprender a vivir en paz.
He aquí entonces nuestro primer reto como ciudadanos: asumir la responsabilidad y tener la valentía de informarnos sobre lo que opinamos y de intercambiar nuestras ideas y opiniones con base en argumentos.
* Profesor del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar
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