Siendo muy niño, bañándose en un arroyo en la finca de su padre en San Juan Nepomuceno, perdió un ojo por una infección viral, por lo cual sus nueve hermanos, entre ellos mi tatarabuela, Concepción Angulo Bustillo, le llamaban jocosamente “El tuerto”.
Felipe Angulo Bustillo (San Juan Nepomuceno, Bolívar 1854 - Bogotá 1912) fue ministro de Estado varias veces. Dice de Felipe el historiador Eduardo Lemaitre Román que “Tenía una personalidad fascinadora. Era alto, arrogante, siempre bien vestido, con un gran don de gentes. Un ojo de vidrio le había valido el apodo de “El tuerto”, obligándolo a mirar de reojo, lo que le daba a sus gestos cierta petulancia no exenta de atractivo. Su estrella política, paralela a la de Rafael Núñez, le permitió pasar de las filas del radicalismo liberal a las del conservatismo (partido del que fue presidente en 1910), a través de los más altos puestos públicos de la nación. No le faltaba sino ser presidente de la República y sin duda acariciaba ese deseo. Tanto que para el periodo de 1910 a 1914 perdió por seis votos la presidencia de la República, ante Carlos E. Restrepo. Fue candidato a la presidencia por segunda vez y solo la muerte frustró esa aspiración”.
Hizo estudios secundarios en el Colegio San Bartolomé, en Bogotá, donde después en la Universidad Nacional de Colombia, a los 19 años se graduó de abogado (1873).
Regresa a Cartagena y se hace diputado (1874 y 1875), es Procurador del Estado de Bolívar (1879). En ese mismo año pasa a ser representante a la Cámara de la cual fue presidente (1880-1881). De allí partió como cónsul de Colombia en Liverpool, Inglaterra.
Fue secretario privado del presidente Rafael Núñez Moledo, y también su ministro de Hacienda y su ministro de Guerra (1884-1885). Decía Núñez que era su mano derecha e izquierda. Fue ministro de Relaciones Exteriores (1887) del presidente Eliseo Payan. Es redactor junto con el presidente Núñez y Miguel Antonio Caro de la Constitución de 1886, que rigió a la nación durante un siglo, y unió a un país disperso, que permitió con su elasticidad abarcar disimiles posibilidades, y los partidos la respetaron aun en los momentos más virulentos de la vida nacional. Fue el instructor (1887) del Concordato con la Santa Sede, que permitió entre otras cosas el matrimonio por la Iglesia (1889) entre el presidente Núñez y Soledad Román Polanco.
Arturo Abella decía de Felipe: “Fue Angulo Bustillo el hombre fuerte de la Regeneración. Siempre decidido, enérgico, enemigo furioso de la anarquía. No le fallo Angulo, ni a Núñez ni a la Regeneración, su pulso firme salvo a la nación de uno de sus momentos más difíciles”. Murió en Bogotá y ese día nefasto fue declarado de duelo nacional.
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