Columna

¿Seremos capaces?

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DARÍO SOTO ABRIL
28 NOV 2015 - 12:00 AM

Lo que anunciaron Santos y Timochenko el miércoles 23 de septiembre desde la Habana es el fin de la guerra, más no el comienzo de la paz. Esto último no es responsabilidad de ellos, sino de todos nosotros. ¿Será que sí somos capaces de dejar de odiarnos? ¿Podremos aprender a aceptar a los comunistas, a los capitalistas, a los ricos, a los pobres, a los negros, a los blancos, a los indígenas, a los LGBT; los costeños a los cachacos y los cachacos a los costeños; los taxistas a los de Uber, los liberales a los conservadores, y ambos a los del polo? ¿Estamos preparados para reconocer a los que no se parecen ni piensan como nosotros?

¿Podremos aprovechar esta oportunidad de oro para reflexionar sobre cómo contribuimos, cada uno, al ciclo de la violencia y la intolerancia? ¿Entenderemos qué no todos los problemas se solucionan a bala, a punta de plata o ignorando al otro? ¿Estaremos dispuestos a dejar de hacer trampa, a no colarnos en la fila, a no pagarle la mordida al policía, o a no comprar la libreta militar porque la milicia es para los pobres? ¿A no preguntar “¿y tú de quién eres hijo?”, ¿ni a decir “usted no sabe quién soy yo”, no por miedo a ser grabado y publicado en las redes sociales, sino porque todos somos iguales sin importar quien sea usted?

¿Aceptaremos nuestra responsabilidad histórica, la de todos como ciudadanos, por elegir, en no pocos casos, a gobernantes irresponsables, corruptos o no preparados, quienes gracias a nosotros también han contribuido con la violencia por su falta de preparación o por la corrupción que genera desigualdad y resentimiento, que le quita comida a los niños, medicinas a los enfermos y asistencia a los ancianos? ¿Podremos aprender que el vivo no es quien vive del bobo sino el que trabaja honestamente? ¿Qué valiente no es el que más pelea sino el que lucha por los ideales de una Colombia más justa? ¿Que leal no es quien encubre a su jefe o a sus amigos cuando hacen lo incorrecto, sino aquel que es fiel a sus principios?

Sugiero comenzar a hacernos estas preguntas. Solos, frente al espejo, en el carro o al salir a caminar. Luego en familia, con amigos, en el lugar de trabajo, en el bus o en donde sea. El proceso de verdad, reconciliación y perdón no es solo para las FARC, ELN o los paras. Pasa por todos nosotros. Para poder perdonar a los demás es importante que empecemos por perdonarnos a nosotros mismos, a reconciliarnos con los que están cerca, a mirar en nuestras comunidades. A preguntar: “¿cómo puedo ayudar para hacer un país mejor?” y, “¿qué puedo dar?”, antes de pensar en qué se recibirá.  Hoy más que nunca la patria lo demanda. ¿Estaremos a la altura del desafío? ¿Podremos como individuos y luego como sociedad aceptar el cambio?
Yo apuesto a que sí.
 


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