Se acerca la temporada en la que miles de turistas llegan a Cartagena a descansar y divertirse, en medio de un ambiente mágico propiciado por la belleza majestuosa del Centro Histórico, el aumento de la oferta cultural y gastronómica, el acceso fácil a la playa, y la posibilidad de disfrutar de islas paradisíacas y de invertir en nuevos proyectos urbanísticos en la zona norte y Barú.
Sin embargo, aparte de las estrictas medidas que adopte la alcaldía para racionalizar y organizar el tránsito automotor, y para brindar seguridad a turistas y residentes, la temporada puede verse afectada, como ha sido costumbre, por el desorden que emana de la falta de civismo y del precario ejercicio de la autoridad.
Son cosas que parecen nimias, pero que deben evitarse para vivir dignamente en comunidad. Así, es recurrente la acumulación de basuras en sitios emblemáticos de Cartagena, porque nativos y visitantes arrojan desechos en lugares públicos (sobre todo el día 31), sin que los operadores de aseo tengan la capacidad de atender la demanda que acrece enormemente. Así, la inmundicia y suciedad se toman el Centro Histórico.
La alcaldía debe exigir a los hoteles y restaurantes limpiar las calles y plazas que usen, sancionando a los establecimientos que conviertan sus fachadas en muladares, sin dejar de implementar un plan especial de aseo para la época.
La temporada trae consigo espectáculos que generan gran contaminación auditiva, como las fiestas electrónicas, que con o sin la anuencia de las autoridades, perturban la tranquilidad del vecindario. En el pasado, algunos de estos eventos han sido controlados más por la presión editorial de El Universal que por la actuación decidida de las autoridades. Deben permitirse, pero alejados de zonas residenciales, para que se armonicen los intereses en pugna.
Es común que los propietarios de vehículos conviertan andenes y separadores de vías en parqueaderos privados, lo cual es notorio en cercanías del Hotel Caribe y en La Tenaza frente a las murallas. Más aún, en ocasiones conductores se detienen en la vía pública por alguna diligencia personal, sin importar el trancón que generan. Preocupa también el ingreso de carros y motos a la playa de Los Morros, la circulación en contravía de bicicletas en el Centro, y el cruce intempestivo de bañistas en la vía del Malecón.
El turismo tiene un impacto positivo en la economía de Cartagena y contribuye a hacerla un destino de talla internacional, pero las autoridades deben propender porque prime el civismo, sin que nadie se crea con patente de corso para burlar las reglas de convivencia y salubridad. Es necesario que el interés colectivo se imponga sobre el individual o de grupo.
*Abogado y Filósofotiradojorge@hotmail.com
