No imaginaron los hermanos Lumiére que su invento sin plan de venta y explotación, según carta a Mélies, se convirtiera en un medio de comunicación eficaz que hasta le sirvió a Hitler para difundir su ideología y a la historia para mostrar hechos sobresalientes. La época de Cristo ha sido abordada con cintas bíblicas; la romana y griega, documentadas en filmes inolvidables, y en nuestros días el cine hace excelentes crónicas que narran la realidad política y social del mundo.
Desde La llegada del tren a la estación, de los hermanos Lumiére, corto proyectado en tela ante treinta espectadores impresionados que no creían que la fotografía dejara de ser estática y se moviera, el cine demostró que podía comunicarse mejor que otros medios porque se expresaba con imagen y sonido.
Ver esa realidad en una pantalla grande, con gente que camina, gesticula, se mueve como nosotros, es sentir lo que sintieron los espectadores del Tren de los Lumiére cuando vieron proyectado en la pared un vehículo de vagones articulados andando sobre rieles y botando humo. La imagen y su dinamismo eran de un realismo tal que los espectadores abandonaron a las carreras la sala por temor a ser arrollados por el tren que parecía ir hacia ellos.
Pero esa comunicación atribuida al cine se aparta de otros medios por su condición de arte, el séptimo, según la clasificación que Ricciotto Canudo hace en 1911 en su Manifiesto de las siete artes donde también afirma que en este invento de los Lumiere están otras manifestaciones artísticas porque reúne “la dimensión plástica de la pintura, la arquitectura y la escultura y la dimensión rítmica de la danza, la música y la poesía”. Aunque sea también un producto de consumo cuyo objetivo es entretener y que sea una multimillonaria industria, indudablemente el cine es creación de la mente humana que participa en producir una obra con sensaciones y emociones al trasmitir su visión del mundo. El cine crea y recrea y en ese proceso, entretiene.
El gran actor y director americano Orson Welles resumió el séptimo arte: “El cine es una cinta de sueños”. No hay mejor definición, ni explicación más breve y sencilla para esa maravilla que convoca a millones en el mundo. El cine es comunicación, arte y entretenimiento. Son sus componentes. Si Colombia no sigue inclinándose por uno sino que los articula a los tres como los vagones de El tren de los Lumiére, consolidará una industria respetable y exitosa con producciones que trasciendan frontera.
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