Esta columna termina con un mensaje para el ministro de salud, pero antes es necesario explicar brevemente la grave crisis que atraviesa el Hospital Universitario del Caribe, HUC.
La deuda que tienen las EPS con el hospital supera los setenta y ocho mil millones de pesos. En lo concerniente a la participación en la contratación con operadores externos (se trata del hospital más tercerizado del país) el porcentaje que le queda al hospital es poco en comparación con el que percibe el operador. No se entiende –y esa es una de las inquietudes del estudiantado- por qué un hospital en situación crítica y con problemas de recaudo, lleva a cabo contratos con estipulaciones que no le benefician, por ser inequitativas. A la fecha el HUC tiene deudas con sus especialistas, enfermeras, médicos generales, personal administrativo, proveedores y prestadores de servicio. Claramente no paga porque no le pagan, por lo que su funcionamiento es casi nulo. De ahí el temor de que nuevamente cierre sus puertas.
En palabras de Elga Ehrhardt, gerente del hospital, el HUC está llamado a asumir la demanda de la población vulnerable por ser «cabeza de red». Se trata del hospital de mayor complejidad del departamento de Bolívar, que atiende también a pacientes de departamentos como Sucre y Magdalena.
No es un secreto que familias politiqueras quieren quedarse con el hospital, pero eso no es óbice para entrar a revisar hasta qué punto el desempeño de la gerente ha sido eficiente, debido a que el inconformismo de los estudiantes, residentes y docentes frente a su tibia gestión es evidente.
Sobran motivos para desconfiar. No solo de la gerente, sino también de las intenciones del actual gobernador, quien la ratificó en el cargo y del cual se sabe que fue apoyado por casas políticas bastante cuestionadas. Importante sería establecer una veeduría que haga vigilancia sobre el manejo de los dineros que ingresan y de los que salen, así como de la contratación que se lleva a cabo en el hospital.
Respecto a las EPS es imposible no indignarse al ver las malas prácticas que muchas de ellas tienen: no reciben facturas para que los estados financieros no reflejen la deuda que tienen con el hospital, o las reciben pero no las ingresan a sus sistemas contables. ¿Cómo es posible que estas entidades operen de manera delictiva y todo siga igual? Es inconcebible el proceder de las EPS y el silencio de los organismos de control.
Sumado a lo anterior, en el HUC no solo reciben clases y llevan a cabo sus prácticas los estudiantes de la Universidad de Cartagena, también lo hacen estudiantes de otras instituciones de la ciudad. A estos jóvenes les preocupa que, de cerrarse el hospital, se suspendan algunos semestres. Es decir, no estamos hablando solo del derecho a la salud, evidentemente vulnerado; estamos hablando, también, de una casi que inminente vulneración del derecho a la educación.
En el discurso pronunciado por el ministro de salud (que luego publicó en su blog) durante la ceremonia de grado del Icesi, en Cali, les dice a los graduandos que deben -y esto lo dice profetizando desde su experiencia como persona, como estudiante y como profesional- aprender a «disculpar ilusiones». Hablaba también de la «resignación inteligente», entendiéndose esta como una «necesidad de la vida», y remataba sentenciando que «debemos aprender a amar lo que somos y a desprendernos de lo que quisimos ser». Es fácil entender el mensaje del ministro: advertía a esos jóvenes, llenos de ilusiones, que en un país como el nuestro no vale la pena soñar, ni tener aspiraciones, porque estas pueden ser fácilmente ahogadas por la corrupción, el tráfico de influencias y la desidia administrativa. Y a propósito del ministro Gaviria, observo que acudir a él para pedirle una solución a la crisis del hospital universitario es exponerse a que responda que todo es asunto de la descentralización y que poco o nada se puede hacer desde el ministerio. Pareciera que todo está diseñado en Colombia para que nos resignemos a «desprendernos de lo que quisimos ser», en este caso, ir dejando a un lado la idea de ser médico y de brindarles a los pacientes una atención diligente y humanitaria. De tener un hospital de calidad. De tener acceso a la salud de manera digna.
Por último, a riesgo de ser señalada como «fanática que proclama el deterioro permanente de las condiciones sociales», expresión con la que suele referirse el ministro para «acreditar» a sus contradictores, casi todos de izquierda, considero que el Gobierno sí debe tomar cartas en el asunto y ayudar a destrabar el enredo en que se ha convertido poner a funcionar un hospital en Colombia. ¿O será que salvar al Hospital Universitario del Caribe es otra ilusión que debemos disculpar?
Twitter: @_ajaytuque