En columna pasada sostuve que la debilidad institucional de Latinoamérica ha sido una talanquera para generar desarrollo económico y bienestar social. Ahora me referiré al por qué el proceso de colonización de la región incidió en el desarrollo institucional de Colombia.
Varios de los territorios colonizados por potencias europeas se convirtieron en países desarrollados, caracterizados por su buen desempeño económico, fortaleza institucional y desarrollo tecnológico, mientras que algunas colonias de España, aunque pasaron a ser Estados nacionales, continuaron con mucha violencia y bajo crecimiento económico.
¿Qué explica que Australia, Nueva Zelandia, Canadá y EE.UU., países que alguna vez fueron colonias, hayan alcanzado un desarrollo superior al de las naciones latinoamericanas? Investigadores sostienen que las diferencias en el ingreso per cápita de las antiguas colonias obedecen a los distintos modelos de colonización implantados en esos territorios.
Así, el “modelo extractivo”, cuyo propósito principal era transferir recursos a la metrópoli, sin una protección adecuada de la propiedad privada, y sin límites al poder de expropiación monárquico, es el tipo de colonización que impuso España en América. Por el contrario, el modelo “neoeuropeo”, implementado en su mayor parte por los británicos, trasplantó con éxito sus instituciones a las nuevas colonias, estableciendo un régimen de protección de los derechos de propiedad, de justicia oral eficiente, y erigiendo límites al poder público. Esto permitió que las colonias siguieran operando después de la independencia, impulsando de inmediato el desarrollo de las nacientes repúblicas.
Colombia, por ejemplo, una vez logró la independencia se enfrascó en guerras civiles que recrudecieron las disputas ideológicas e impidieron formar una burocracia técnica, autónoma y eficiente. No es exagerado decir que durante los primeros 100 años de vida republicana nuestros dirigentes se dedicaron a la política y no a la administración pública. Sólo a partir de 1910 el Estado empieza a crear algunos institutos para prestar servicios especializados, y apenas en 1923 con la Misión Kemmerer se creó el Banco de la República y la Superbancaria. El gobierno de Lleras Restrepo, en los años 60, dio un vuelco a la administración bajo el principio de la planeación centralizada de la economía –fortaleciendo el DNP y el régimen cambiario-, y creando instituciones tan importantes como el ICBF y el ICFES.
El Estado debe fortalecer sus instituciones y el régimen de justicia, y capacitar a sus funcionarios para reducir la brecha que nos separa de otros países que fueron colonias y que hoy gozan de alto bienestar y desarrollo.
