Acaso, no será mejor llamar a este juicioso y continuo programa interinstitucional “Cartagena, ¿cómo?, ¿vamos?”, debido a los precarios índices de calidad de vida y las abominables condiciones en las que sin acueducto y agua viven los habitantes de las zonas rurales y que permiten concluir que en ciertos lugares no hubo avances reales en los pasados cuatro años; resultados tristes que llevará a sus espaldas el alcalde del momento, para cuando desee volver a presentarse a la contienda electoral.
Pero, sobresale entre los resultados el menor crecimiento del número de embarazos entre la población adolescente, aunque los 3707 presentados es aún altísima y preocupante, debido a lo que significa para las familias y la ciudad de hoy y de mañana (afecto y desarrollo cognitivo y corporal, condiciones alimentarias, educativas, techo, entre otros aspectos relevantes).
El editorial de este diario el pasado lunes reconoce como causa de este descenso en el crecimiento la labor del Dadis en la educación sexual de los escolarizados, y recomienda ampliar su cobertura a toda la ciudad y a las mismas familias. Es entonces una pequeña muestra, casi simbólica, de la importancia de una educación sexual adecuada y de la obligatoriedad del Estado y el sector privado de brindarla de calidad; oportuna y con rigor científico. Una educación para no temerle.
Se estaría desmontando entonces aquella perversa idea de acusar a un género musical, la champeta, como la causante de los embarazos adolescentes. No hace mucho, tanto el Bienestar Familiar, organismo nacional responsable, como la misma comunidad de músicos de la champeta, tuvieron que asistir al Concejo Distrital a rebatirle a quienes querían conjugar nuevamente el verbo prohibir.
A lo largo de la historia de esta ciudad se han prohibido los tambores (sí señor(a) ), la cumbia y el mapalé (si señor(a)), los capuchones (si señor(a)) y mucho más (así usted no lo crea). Se le ha tenido pavor a lo que viene de la población de piel negra. Le tocaba el turno a la champeta esa vez.
Por fortuna, entre las políticas de la Secretaría de Educación Distrital se incorporó la educación corporal como un componente más entre los contenidos básicos para la formación estudiantil. La ciudad tiene El Colegio del Cuerpo, que durante casi veinte años ininterrumpidos ha insistido hasta la terquedad en la importancia del respeto y valoración del cuerpo; y con expertos y académicos que desde la interdisciplinariedad bien están prestos a incorporarse, si se decide que no sólo el Dadis podrá y debería hacer la educación sexual de los cartageneros. Es un asunto de los que no creen que la champeta sea la responsable de los embarazos. Es un asunto de muchos.*Columnista semanal.
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