Columna

El deseo

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KARINA GARCÍA MÉNDEZ
30 JUL 2016 - 12:00 AM

El próximo mes de septiembre el Círculo Psicoanalítico del Caribe celebra 25 años de fundación en Cartagena. El Psicoanálisis se inició gracias al deseo de un lector privilegiado del inconsciente como lo fue Sigmund Freud y ha continuado su desarrollo hasta hoy de la mano, entre otros, de Jacques Lacan. Al toparse Freud con lo inconsciente pudo darse cuenta primero, de su existencia y segundo de su manera particular de funcionamiento, descubrió sus leyes y sus formas. Es por ello que hoy contamos con este método terapéutico hecho tan a la medida de la complejidad humana. Ante la pregunta ¿qué es lo que quiero?, nosotros como género humano no encontramos tan fácilmente la respuesta ya que se nos superponen y confunden los deseos de otros haciéndosenos confuso delimitar lo propio.

Aplicar la técnica psicoanalítica ha sido posible también en nuestra ciudad. Un grupo de analistas decididos fundó hace 25 años una institución dedicada a estudiar el psicoanálisis y a formar psicoanalistas. Este movimiento tuvo el apoyo oportuno y sabio de tres “cartageneras” (algunas por adopción), inquietas intelectualmente y cuyo amor al saber y a la cultura les permitieron escuchar la seriedad, profundidad y beneficios de este. Betsy Ángel de Zúñiga, Judith Perdomo de Araújo y Lourdes del Castillo de Rumié hicieron posible que la semilla de este conocimiento cayera en tierra fértil.

El 10 y 11 de septiembre festejaremos aquí los frutos de años de trabajo alrededor del tema “El deseo y su interpretación”. Se dice que el deseo es lo más propio de un individuo, es su verdadera esencia, su huella digital psíquica, lo que lo define. Un análisis es eso, nombrar cuál es el deseo propio y vivir la vida según este. En esa búsqueda, las molestias, los síntomas por los que acudimos a la consulta suelen ir desapareciendo, pues la persona va encontrando cómo realizar lo que quiere. No es un asunto menor, pienso que es un asunto de valientes, de aquellos que se le miden a una experiencia tan exigente, pues confrontarnos con nosotros mismos es duro, pero beneficioso.

Cuando una persona está en sintonía con su deseo, lo sabe, lo siente y experimenta una alegría íntima que erradica los malestares y propicia una onda de bienestar que sin pretenderlo impacta a más de uno, no sólo al analizado, sino también a los que están a su alrededor.

Ponerse en contacto con lo más íntimo de cada quien produce una fuerza honesta, reposada y que de ser posible y probablemente, remite a la acción. Que el psicoanálisis tenga un lugar de trabajo tan serio en este litoral, sin duda, es gracias a la conjunción de varios deseos que al encontrarse hicieron posible este festejo, que al igual que lo inagotable del deseo, hemos propuesto como una celebración de una apuesta siempre renovada.
 

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