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Desde los albores de la humanidad, el oscurantismo mental y la ignorancia crasa han hecho que los enfermos padezcan, además de la enfermedad, el desprecio social, execrables vejaciones y el castigo divino. La ciencia, al encontrar la causa de las enfermedades, ofrece un tratamiento al tiempo que descorre el velo de la ignorancia.Hace 90 años, en África, un virus de los simios pasó a los humanos. La muestra humana más antigua con el virus fue tomada en un marino británico en 1959, en un estadounidense en 1969 y en un marino noruego en 1976. Probablemente contagiados por prostitutas en África.

En 1981, Michael Gottlieb, en California, reportó 5 pacientes homosexuales, con muy pocas células de defensa, un raro cáncer y una exótica neumonía. Todos murieron en pocos meses. Por las manchas de color rosáceo en el cuerpo la prensa llamó a la enfermedad la “peste rosa”, atribuyéndola a los homosexuales. También se la conoció como GRID (por las siglas en inglés de deficiencia inmune relacionada con gais). La supervivencia era de solo siete meses.

Para explicar la enfermedad surgieron numerosas teorías, tan absurdas como ridículas, y que reflejaban el morbo y la eterna tendencia a condenar lo desconocido. Los pacientes eran tratados peor que los leprosos en la antigüedad.

Grupos religiosos afirmaron que era un castigo divino para los homosexuales o depravados. El estigma sobre los homosexuales llevó a la falta de control sobre los heterosexuales y contribuyó a extender la enfermedad.

En 1982 la enfermedad fue bautizada como SIDA y en 1984 la ciencia estableció un patrón de contagio típico de las enfermedades infecciosas. Ese mismo año se inició una larga disputa entre estadounidenses y franceses por demostrar quién descubrió el virus. Al final, los franceses recibieron el Premio Nobel en el 2008 y los americanos describieron la prueba diagnóstica. 

Se transmite por actividad sexual desprotegida, al compartir agujas en usuarios de drogas inyectables o de una embarazada a su hijo. La transmisión por transfusión o accidentes biológicos no debiera presentarse dados los controles de seguridad que hay. La enfermedad mató a más de 30 millones y hay más de 35 millones de portadores del virus.

Con tratamiento adecuado, la gran mayoría de pacientes puede vivir sin limitaciones. Mucho se le debe al primero de diciembre, día internacional del sida. Una investigación en curso de varias universidades inglesas ha permitido reportar, hace más de un mes, el primer paciente curado tras recibir una vacuna y una droga activadora del sistema inmune. Los resultados finales solo estarán disponibles en 2018.

Como diría el fraile y filósofo franciscano Guillermo de Ockham: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta”.

*Profesor Universidad de Cartagena

crdc2001@gmail.com

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