Columna

Fast Track

Compartir
MIGUEL YANCES PEÑA
05 DIC 2016 - 12:00 AM

Atendiendo la exigencia de las FARC, el gobierno se había hecho aprobar en el congreso el Acto Legislativo para la paz (o Fast Track), mediante el cual se simplificaba transitoriamente el procedimiento para modificar la CN, y se limitaba la tarea legislativa a votar “Sí o No” los proyectos de Ley que, con motivo de los acuerdos, sólo el gobierno podría presentar. Un artículo, el quinto y último, condicionaba su entrada en vigencia a la aprobación del plebiscito. 

Visto así, Santos no sólo debía refrendar popularmente los acuerdos porque lo prometió, sino porque era la única forma de activar el Fast Track y darle rápidamente alcance jurídico a lo pactado. Y quienes votamos No, lo hicimos a sabiendas que se mataban dos pájaros con el mismo tiro: los acuerdos y el Fast Track.
Ganó el No y el presidente explotó en premoniciones, mientras la guerrilla insistía que ya los acuerdos estaban firmados (y depositados en Suiza) y que el presidente tenía que honrar el compromiso. Más tarde, ratificaron que no volverían a las armas, y que en su lucha política sólo recurrirán a la palabra, que visto está, puede ser un arma de doble filo. 

Quienes lideraron el No le lanzaron al presidente el salvavidas, proponiendo un nuevo acuerdo, y presentaron ideas constructivas y objeciones. Algunas se incorporaron en los acuerdos que los colombianos habían votado No; se le denominó “nuevo acuerdo”; se le dio carácter de inmodificable, y se firmó sin permitirles a quienes debían, hacer acotaciones.

Temeroso el gobierno de consultar nuevamente la opinión popular en las urnas, se fue -faltando a su palabra- por el otro camino que le permitía la sentencia de la CC, el congreso, en el que tenía mayorías, y ganó. Así el congreso aprobó lo que el pueblo rechazó, pero se les olvidó que el Fast Track depende de la refrendación popular. Quedó mocho. El AL tiene varias demandas (algunas de ellas quedaron sin piso al perder el gobierno el plebiscito) pero ese artículo quinto es tan contundente, que, de ser declarado exequible el AL, como se espera, se cae Fast Track; y si no, obvio, también. Sólo tiene el gobierno una salida: que la CC declare exequible el AL, excluyendo el artículo quinto, decisión que difícilmente podría justificar. Eso implica que los acuerdos deberán tramitarse en el congreso como cualquier otra ley. 

Varios miembros de la guerrilla dicen que sin Fast Track les tocará volver al monte, olvidando la promesa de usar sólo la palabra. El mejor camino para ellos -creo- es entender: 1) que pretendieron mucho de un gobierno débil (le encontraron fácil el Talón de Aquiles, y le amarraron un rabo de paja); 2) que el presidente no tiene el apoyo popular para pactar un acuerdo; y 3) que tienen que escuchar las voces del No, y ceder en sus pretensiones.

movilyances@gmail.com

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad