Gracias a la expansión de las clases medias y la formación universitaria, se constata en Cartagena, al terminar el año 2016, un amplio sector de profesionales en las ciencias, las artes, la cultura, la empresa, la gestión social y el gobierno, poseedores de estéticas y pensamiento crítico renovados. Con capacidad de liderazgo y altos estándares de calidad muestran por doquier talento, inteligencia, ingenio, perspicacia y mucha chispa. La ciudad tiene cabeza y hace intentos notables para que todo ello contribuya a transformarla.
Sin embargo, esto no es suficientemente conocido por quienes vienen de afuera y realizan intervenciones aquí; muchos actúan como si la ciudad no tuviera cacumen. Veamos casos, algunos casi imperceptibles, pero notorios:
El desplazamiento de las autoridades locales por parte del Gobierno nacional en la gestión y operación del evento realizado para la firma de los Acuerdos de La Habana en la plaza de banderas del Centro de Convenciones el 26 de septiembre. La ignorancia sobre la ciudad por parte de quienes hicieron la organización y se encargaron de los anillos de vigilancia fue notoria. Muchos ni siquiera sabían adónde estaban ellos mismos y mucho menos la Torre del Reloj.
Para las Fiestas de Independencia, una buena idea del ente rector nacional de la promoción turística, convirtió un dibujo animado digital sobre la historia de la ciudad en una suma de erratas, muy a pesar de los avances notorios de la historiografía local. Algo similar ocurrió con los totems llenos de errores instalados con información histórica y patrimonial para los turistas en el Centro Histórico.
Algo que venía del 2015: la decisión de negar, por parte de funcionarios nacionales, la existencia de capacidad para la museografía de un punto de historia que se proyecta en el Castillo de San Felipe, muy a pesar de tener especialistas reconocidos nacional e internacionalmente. Todo para imponer un contrato, cuyo resultado final -este año- dejó mucho que desear.
Las erráticas propuestas en la programación del VII Encuentro Nacional de Patrimonio, a realizarse aquí en septiembre pasado, diseñada por un contratista del Ministerio de Cultura. Sólo los pocos asistentes de esta ciudad, que tiene una riqueza musical prodigiosa, pudieron escuchar las baladas francesas de fondo en el preludio de su apertura.
Pero, esta columna podría oler a xenofobia si no reconociera, también, que en la ciudad se da papaya. La poca utilidad para el trabajo que el señor alcalde da a la formación en filosofía de los escolarizados o la ceguera de ciertos dirigentes para prever los traumas que generaría en el funcionamiento urbano un evento como Ironman, van en esa dirección de desconocer el cacumen local.
*Columnista semanal
PERIÓDICO DE AYER
ALBERTO ABELLO VIVES*
albertoabellovives@gmail.com