Termina el Festival Internacional de Música de Cartagena que está vivo, crece y goza de buena salud. Contrasta su esplendor con la suerte de otros festivales nacidos en esta ciudad. Muchos se han frustrado por no tener los recursos financieros suficientes y otros, año tras año, agonizan por las dificultades que sufren. Recordemos entre los primeros al Festival de Música del Caribe, al Festival de las Artes, al Festival de Jazz bajo la luna, al Festival de la Hamaca Grande y al Festival Internacional de las Artes; y entre los segundos, al Festival Internacional de Cine, al Festival de Gaitas del Socorro, al Festival Internacional de Guitarras y al Mercado Cultural del Caribe.
Y es que sólo el apoyo del sector público a este festival de música, imaginado y organizado desde afuera, muestra sus privilegios. Veamos: un aporte de 300 millones de pesos del gobierno local a uno de los programas de la fundación promotora es la tercera parte de todo su presupuesto para festivales. Adicionalmente, se rebajaron 114 millones de pesos por usar el Teatro Adolfo Mejía (TAM) durante diez días y se permitió el subarriendo de espacios. No ha tenido en cuenta la alcaldía que su generoso ejemplo raya en la desigualdad frente a los otros festivales, más cuando es uno que tiene el mayor músculo financiero, gracias al respaldo de un amplio sector del empresariado colombiano. Con los recursos de todos, la alcaldía consolida un festival del bolsillo del grupo empresarial que se ha caracterizado por su acérrima y sistemática oposición al proceso de paz en Colombia.
El convenio entre el Festival Internacional de Música y el Festival de due Mondi de Spoleto (Italia) está saliendo caro, en términos relativos frente a la oferta de recursos distritales para la cultura cartagenera. Ojalá no tenga el alcance de la toma del poder en la administración del TAM por parte del primero. El protocolo, como lo reseñó el diario Spoleto Oggi el 25 de junio de 2016, firmado entre la casi desconocida ciudad italiana para la gran mayoría de los cartageneros- y Cartagena de Indias se hizo ante “personalidades del mundo institucional y económico de la ciudad boliviana (sic)”, es decir, bajo desconocimiento mutuo. Luego del viaje a Italia, los resultados saltan a la vista.
Sería un reto para la ciudad lograr que ese “mundo institucional y económico” conociera más toda la dinámica de su vida cultural y apoyara políticas culturales que contribuyeran a disminuir sus desigualdades, sin privilegios. Si ellos no han leído la investigación reciente de Meisel y Ayala sobre esas aterradoras desigualdades sociales en Cartagena, bien valdría la pena que lo hicieran, pues con su actuar las estarían profundizando.
Ojalá no tenga el alcance de la toma del poder en la administración del TAM por parte del primero.