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Columna

El poder de la retórica

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El discurso de despedida de Obama demuestra sus dotes de orador consumado. El escenario, el tono y el lenguaje se alinearon para un despliegue exuberante de buena retórica, una demostración auténtica de dominio del arte de la palabra, de aquello que puede persuadir y convencer en cada caso y situación.

Tenía varios objetivos: resaltar los logros de su gobierno, estructurar una estrategia audaz para defender su legado, y contribuir a desactivar la intolerancia en contra de los inmigrantes. No pretendo abordar en detalle el discurso, sino centrarme en algunos de los recursos retóricos usados para llegar al alma de su audiencia.

Escogió Chicago para otorgarle toda su dimensión a una carrera meteórica, sin antecedente alguno: la de un hombre negro, sin abolengos ni fortuna, que se abrió paso en una ciudad agreste por el temperamento de sus gentes y sus vientos fuertes, hasta llegar al senado y conquistar la presidencia. Por eso expresó que llegó a Chicago muy joven, todavía perdido y buscando su lugar en el mundo; y así devolvió a la audiencia al inicio de su periplo, relievando el tamaño de sus gestas y ejecutorias.

Afirmó que si les hubiera contado sus pretensiones 8 años atrás, seguramente la mayoría incrédula habría pensado que sus aspiraciones eran demasiado altas, con lo cual resaltó los logros de su mandato, dándole una dimensión histórica a sus políticas, sugiriendo que había conseguido lo irrealizable. Y evocó esos grandes logros: la superación de una fuerte recesión económica, la normalización de las relaciones con Cuba, la desactivación del programa nuclear de Irán, la neutralización de Bin Laden y la puesta en marcha del Obamacare, que permitió a 20 millones de ciudadanos el acceso a la salud.

Consciente de los riesgos que corren sus políticas, desplegó una estrategia para defender su legado, dejando claro que sus logros son de la gente del común, del ciudadano de a pie, por ser éste el principal motor de cambio en un sociedad moderna de libre participación. Su estrategia fue la de empoderar a la ciudadanía, llamando a la acción militante y pacífica, sugiriendo que él también estará presente en esa ardua tarea.

Argumentó que los estereotipos contra los inmigrantes, de que pueden destruir la esencia y los valores de EE.UU., se le enrostraron en su momento a los irlandeses, polacos e italianos, para indicar que el rechazo al otro es producto del miedo y la intolerancia, sin bases racionales o científicas.

Obama demostró su capacidad para transmitir su pensamiento con vehemencia y eficacia, exponiendo argumentos imaginativos, y suscitando emociones y sentimientos en una audiencia que se inclinó por tomar como cierto el mensaje de su discurso.

*Abogado y Filósofo

jat2183@columbia.edu

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