Columna

El “incómodo” feminismo

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REBECA GONZÁLEZ DE LEÓN
24 MAR 2017 - 07:49 AM

No hay duda de que en la sociedad tienen una imagen distorsionada de lo que es el feminismo, algunos de sus críticos. Y sí, hay que admitir que también lo malinterpretan algunas personas que lo defienden.

En redes sociales no hacen más que matonear y atacar a las mujeres que se expresan en contra de la violencia de género, la desigualdad laboral, el acoso, la opresión y cualquier conducta que siempre tendrá una perversa justificación en un sector que piensa que exigir justicia frente a ello, no es más que “ganas de joder”.

El punto es que todos esos ataques solo refuerzan la necesidad de que exista el feminismo como movimiento social y político. Ser feminista está muy lejos de desconocer que la violencia no es solo contra la mujer, he leído expresiones como “¿por qué no se quejan igual cuando se maltrata o se discrimina a un hombre? No entiendo en qué momento se concibió que a una mujer feminista los atropellos contra el género masculino no le importan.

También he podido observar que ahora las llaman “feminazis”, aunque todavía no conozco a la primera que proponga encerrar a todos los hombres en un campo de concentración y después llevarlos a una cámara de gas, como sí hicieron los nazis con los judíos. Incluso, algo aparentemente “insignificante” como pedir que no se dirijan a nosotras con piropos obscenos, se ha convertido en motivo de ataques. “Por eso es que terminan solas criando gatos”, vaya, como si eso estuviera en el proyecto de vida de todas las mujeres que hacen justos reclamos (sean feministas o no).

Conozco a muchas congéneres que tienen una vida de pareja confortable y al mismo tiempo llevan procesos ligados al feminismo. Se va a desmayar más de uno cuando se entere de que se puede ser feminista y estar casada y tener hijos. Aparte, si hay mujeres felices solas y/o “criando” animales, ¿qué hay de malo en eso? ¿en dónde está estipulado que es un castigo o una vida aburrida?

Hace poco una periodista reconocida en televisión, se atrevió a expresar su opinión frente al inconformismo que le causaba saber que el futbolista Pablo Armero había sido convocado a la selección, pese al escándalo que lo acompaña por haber maltratado a su pareja. Decir que como mujer se sentía ofendida por ver a un hombre que había tenido esa conducta, portar la camiseta de la selección, le trajo un río de amenazas e insultos. Él jugó su partido y ella terminó humillada y amenazada de muerte. Ese día, me declaré abiertamente feminista. ¿Cómo no ser feminista en un país como el nuestro que todavía ataca a una mujer por el simple hecho de expresarse?

Hay sectores que les incomoda que las mujeres tomen la palabra, que se vistan de tal manera, que hagan esto o aquello. Parece que estuviéramos impedidas para asumir vocerías y debiéramos estar resignadas a soportar comentarios machistas, irrespetuosos y tratos discriminatorios. Si hay un carro en la vía que va lento o manejando de manera inadecuada, se repite la expresión “seguro es una mujer la que va en él” y si efectivamente es una mujer, entonces rematan con un glorioso “¡tenía que ser mujer!”. La estructura mental les dicta que somos “tontas” y no podemos realizar algunas actividades tan bien como ellos. Así pasa en los negocios y en otros escenarios.

También es cierto que hay indignaciones que se escudan en el feminismo sin serlo y con esto le hacen mucho daño al movimiento. Por ejemplo, cuando se le cuestiona a una mujer, con justa causa, porque haya tenido un comportamiento delictivo o poco ético, he visto a muchas de ellas y a sus defensores, decir que eso no es más que “machismo”. Y así tampoco debe ser.

Afortunadamente, existen (no sé si en mayor o menor cantidad), personas respetuosas de los derechos de mi género, que rechazan la opresión, la dominación, la explotación y la violencia contra la mujer. Y no todas estas personas son o se sienten “feministas”, tampoco hay que serlo para ser justos y procurar el respeto y la igualdad. Basta con ser íntegros, ser humanos. A ellos y a ellas ¡gracias! Y al feminismo gracias mil, por abanderar luchas de manera valiente que hoy nos han permitido estar mejor  que antes, por dignificarnos (y eso que aún falta mucho por hacer).

Me quedo con una frase que le leí hace unos años a un hombre en Twitter: “Desde que tengo una hija, soy feminista”. De eso se trata. De que nos acompañen o por lo menos, que no nos “lancen piedras” si nos atrevemos a exigir y decir lo que pensamos.

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