Columna

Optimismo alicaído

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RODOLFO SEGOVIA
01 ABR 2017 - 12:00 AM

El ingreso per capita de casi todo el Pacífico asiático aumentó porque las tasas del PIB se dispararon sostenidamente por encima del 5 %. No hay fórmula distinta hacia el bienestar. La receta es clara: se incrementó rápidamente la productividad en la producción, en casi todos los casos sin riquezas naturales fácilmente explotables que impulsaran la economía. La hojita de ruta es diáfana: educación, infraestructura, competencia, coherencia del Estado, apertura inteligente del comercio. Todo al alcance de gentes emprendedoras, con una mota de voluntad política y dedicación al bien público.

Colombia vegetó alrededor del 3 %, excluidas bonanzas y ahora se hace institucionalmente lo imposible para evitar que regresen. Hay mucha esperanza en la paz, si bien su parafernalia es adversa a aumentar la productividad.

Sin crecer no hay paraíso, como no sea el triste, estático y subsidiado de Cuba o el regresivo de Venezuela. Don Sancho Jimeno vivió en épocas de regresión en España. De ahí que en 1697 defendiera con ahínco lo suyo en Bocachica. Sin aumentar bienes, la única manera de enriquecerse era arrebatar lo ajeno; a eso vinieron los piratas de De Pointis.

Las últimas décadas demuestran que el famélico 3 % del largo plazo colombiano ha ido de la mano de la demografía. La población activa, 20 a 60 años, creció, y con mayores tasas de participación por la inclusión de la mujer en la fuerza de trabajo. Ese insumo bruto sostuvo la tasa de crecimiento económico. El recreo se acaba, a menos que se incremente, y pronto, la edad de jubilación.

Positivas han sido también tasas de inversión promedio del 25 % del PIB, con el apoyo del aporte extranjero. Son guarismos alentadores, si bien deslucidos por un ínfimo aumento de la productividad de menos del 1% anual. Con las variables anotadas, el crecimiento alcanzable, asumiendo que no hay brecha de producto entre el PIB observable y el PIB potencial, sería de algo más del 3 %. Mediocre. Se desperdicia el loable equilibrio fiscal y control de la inflación, necesario, pero no suficiente.

Aspectos, ojalá de corto plazo, ensombrecen la coyuntura para el magro 3%. La corrupción frena la infraestructura. Muchas 4G no lograrán cierre financiero. Navelena no es única. El flujo de capital pierde fuerza. Banqueros antes entusiasmados con Colombia reconsideran asustados, a pesar de la credibilidad de la ANI.

La gran minería, esperanza con influencia sobre la cuenta corriente y las finanzas públicas, va camino de la UCI. Colombia está llena de oro, pero es coto privado de mafias. El temor a cambiar induce al mundo rural a esconder y vedar riquezas. ¿Y el resto de los colombianos qué? Colombia marca bien en los índices de felicidad por optimista. El optimismo paga hasta con la Selección. Se irá agrietando, empero, si la nación no sale de mediocre.

 

rsegovia@sillar.com.co


 

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