Las últimas teorías de la Sociología (ver Alberto Olvera, “Participación Ciudadana y Construcción de la Democracia”, México, 2014), han dado especial importancia al concepto de “ciudadanía”. Algo así como: “Todo se solucionaría, si ejerciéramos con dignidad y responsabilidad nuestros derechos y deberes como ciudadanos.”
Sin embargo, hechos recientes en el mundo entero, nos demuestran que en todos los países, de derecha o izquierda, se pisotean los derechos del pobre ciudadano, haciendo uso de la fuerza, llegando incluso, a reprimir, golpear, o eliminar a los inocentes.
Estas reflexiones me atropellan al observar atónita, cómo un médico vietnamita fue arrastrado por 3 policías de Chicago para sacarlo a la fuerza de un avión de United Airlines, porque la compañía había sobrevendido el vuelo. Semejante acto de barbarie, fue filmado por los otros pasajeros que vieron sangrar al médico que ahora necesita una operación reconstructiva de la nariz, y del reimplante de varios dientes.
¿Problema de la aerolínea solamente? No lo creo. Tres policías de Chicago se prestaron para ejecutar la brutal operación. La policía, que debe ponerse del lado del ciudadano correcto para proteger el orden y la justicia, fue burdamente utilizada para ponerse del lado del agresor. Ya es muy tarde para que United pida perdón.
¿Quién responde por la autoestima de un ser frágil, como lo somos todos los humanos?
Pero eso no sólo ocurre por allá lejos… Aquí cerca, en Venezuela, van alrededor de 35 ciudadanos asesinados en estos días, por fuerzas afectas al régimen, que representa a una burocracia corrupta, y a un aparato militar cuyo único propósito es perpetuarse en el poder.
¿Y en Colombia? Tampoco pasamos victoriosos la prueba. Aquí pagamos los impuestos, los seguros médicos, los servicios, y presenciamos a diario la usurpación de nuestros derechos más elementales.
Aquí en Cartagena, acabamos de vivir la tragedia de veintiún trabajadores sepultados en Blas de Lezo, por constructores inescrupulosos que no cumplieron con las mínimas regulaciones legales para levantar un edificio de 7 pisos. Y ni pensar en los ciudadanos atrapados bajo los escombros, que sobrevivieron, gracias a un milagro divino.
¿Encontrarán la atención médica requerida?
Leo en “El Universal” con escozor, sobre los abusos de algunas EPS que, incluso bajo el fallo perentorio de las tutelas, se niegan a suministrar medicamentos a niños con cáncer, urgidos de tratamientos especiales.
¿Y qué decir de los países amenazados por la guerra? Ya sabemos el peligro que corre la sociedad civil cada vez que estalla una bomba, ¿No pierden siempre los ciudadanos justos e inocentes del mundo? Cuando estamos en manos de políticos obsesionados con el poder, cuyo fin es la destrucción y la violencia, sólo nos resta decir: “¡Ciudadanos de todos los países, uníos!”
*Directora Unicarta
saramarcelabozzi@hotmail.com