He compartido experiencias con personas en condición de discapacidad, que por limitaciones físicas, visuales, cognitivas o de otra índole, les resulta complicado desplazarse por las calles de Cartagena y sus diversos lugares, ¿será que porque estas complejas condiciones no nos tocan a la mayoría, pasan a un segundo plano dentro del urbanismo de la ciudad?
En ocasiones, vemos noticias de decisiones judiciales que han obligado a ciertas entidades a adecuarse para que las personas en condición de discapacidad puedan movilizarse, pero resulta cuestionable que se deba esperar la providencia de un juez, ordenando algo que tiene que estar contemplado en los planes y proyectos relacionados con la construcción de edificaciones. Los difíciles accesos que podemos observar en centros comerciales, aeropuertos, hospitales, restaurantes, oficinas, baños, hogares, lugares culturales, deportivos y de recreación, son comunes, son la regla general y pocos piensan en que estos se convierten en caminos tortuosos, tanto para la persona en condición de discapacidad, como para sus familiares, que lo acompañan y que desean transitar con éste por la ciudad, de manera confiable y segura. Una ciudad que deje pasar esto por alto, no puede considerarse incluyente y amable.
Llegó a mis manos un folleto titulado “Una ciudad para todos”, escrito por Sonia Verswyvel, que de manera práctica y fácil de entender, explica cómo debe pensarse la accesibilidad urbana. Manifiesta por ejemplo, que en los andenes debe haber un cruce peatonal liso y antideslizante, semáforo sonoro para cruce, en parques y jardines debe haber caminos con poca pendiente, lisos y antideslizantes. Se necesitan caminos con arcos o postes para impedir el paso de las motocicletas, los cuales tengan un espacio suficiente para las sillas de ruedas. El folleto en comento, también explica cómo deben estar diseñadas las entradas de los edificios, los parqueaderos, corredores, ascensores, bancos, cajeros, estadios, viviendas, y demás lugares por donde transitamos en nuestro diario vivir.
Si piensan que lo anterior es un asunto menor y que puede generar más gastos, pregúntenle a algún amigo, conocido o familiar con algún tipo de discapacidad, cómo se siente al andar en una ciudad como Cartagena, con calles llenas de huecos y ocupadas por el comercio informal (y el formal, como los restaurantes del centro histórico que invaden espacio público con sus mesas). También pueden preguntarle, qué siente al entrar en una sala de cine, o si el corazón se le acelera mucho cuando debe cruzar por una avenida. La respuesta que le dará seguro es la misma que me han dado a mí: “es un martirio”. No es cómodo vivir con el temor de que puedes lastimarte y sufrir un dolor adicional al que ya cargas.
Cartagena de Indias, ciudad de puertas abiertas para el mundo, debe repensarse en materia de urbanismo e incluir en sus planes, medidas y normativas para que las personas en condición de discapacidad, tengan un entorno más accesible, esto debe convertirse en una fuerte exigencia de la ciudadanía. La invitación es a ser más humanos y trabajar en un urbanismo incluyente. Hagamos de esta ciudad un lugar funcional y eficiente para todos.