No recuerdo cuándo escribí mi primera columna, pero sí recuerdo que se trataba de una sátira a Colombia por ser catalogada como "el segundo país más feliz del mundo", pudo ser hace 10 años, aproximadamente. Desde ese momento y ante la aceptación que tuve por parte de los ciudadanos lectores de El Universal, continué escribiendo. No pude apartarme de los temas políticos y de ciudad porque me apasionan. También escribí sobre el departamento de Bolívar y sobre el país. Recuerdo que cuando Juan Carlos Gossaín fue gobernador, lo cuestioné con vehemencia, por los nexos de personas cercanas a alias 'la gata' en su campaña y administración.
Luego la W Radio publicó un audio que se filtró, en donde su secretario de educación, al parecer, se repartía contratos con alguien del clan de esa señora, al día siguiente el funcionario presentó su renuncia. Este año, retomé el tema de la administración departamental y cuestioné a Dumek Turbay por vincular en su administración a personajes cuestionados como el exgerente de Transcaribe, Enrique Chartuni, como secretario de infraestructura, quien días después de mi columna, tuvo que renunciar por problemas de tipo penal. También cuestioné a Dumek porque la sombra de 'la gata' siguiera rondando a la administración departamental, como lo contó el portal La Silla Caribe.
Escribí sobre la paz. Apoyé el proceso de paz, voté Sí y acompañé en marchas a los que respaldaban los acuerdos, la más emotiva fue la que hicimos en Los Montes de María con las víctimas del conflicto. Y bueno, también organicé otras marchas y eventos contra la corrupción, unos concurridos, otros no tanto.
Cuando Manolo Duque estaba en campaña, escribí una columna explicando por qué no había que votar ni por él, ni por Quinto Guerra. Hoy, Manolo es alcalde y pienso que el tiempo me ha dado la razón. Su aparente tercer lugar de favorabilidad en una encuesta hecha entre 7 alcaldes, dista del panorama que vemos en Cartagena. La inexperiencia de Manolo, las ambiciones de José Julián Vásquez, su hermano de crianza (el que según el portal La Silla Caribe maneja las riendas de la alcaldía), tienen a Cartagena en un letargo y estancamiento nunca antes visto. Los megaproyectos que vienen, nada tienen que ver con su gestión y ha generado preocupación en el gobierno nacional, el que tantos billones lleguen a la ciudad en la situación en la que está, por eso la necesidad de constituir una fiducia para que los recursos no sean mal gastados, ni se vayan a las arcas de los corruptos. Para variar, un edificio se derrumba, se lleva 21 vidas y la causa principal es la corrupción y la desidia administrativa. El exdirector de Control Urbano, aportante a la campaña del alcalde, no le da la cara a la justicia y huye. Dicen que está en Miami y que solo regresará “si hay garantías". El que sí regresó después de 20 días de suspensión fue Manolo, todo gracias a una tutela con una parte resolutiva forzada, pero con muchos intereses de por medio.
El panorama no puede ser más desalentador, a menos que Manolo haya regresado con lecciones aprendidas, se esfuerce por mejorar el rumbo de la ciudad que lo eligió y no siga como "caballo cochero" (así lo expresó el alcalde en una entrevista), sin ver para los lados y siendo guiado por otros, no sabemos qué tan correctos.
La desesperanza para alguien (como yo) que anhela una mejor ciudad, ha llegado al límite. Duele ver a una ciudadanía que parece no importarle lo que sucede en Cartagena o que no plantea debates serios, pienso en David Múnera cuestionando a Sergio Londoño porque en 20 días de su corto mandato los problemas de Cartagena no se solucionaron, pienso en esos activistas de teclado dividiendo a la ciudad en "blanquitos y negritos", sin aportar algo más que eso. Pienso en los que asistieron a la cumbre de comunicación política y no han hecho más que exaltar al exgobernador que al parecer busca lavar su imagen y preparar su camino a la alcaldía de Cartagena. Pienso en los gremios, que pudiendo hacerse sentir, se terminan acomodando a la administración de turno para que sus procesos no se vean afectados.
Pienso en los pobres, que son miles, en los olvidados, en los invisibilizados que claman porque se acuerden de ellos, pero las agendas políticas no dan tiempo. Pienso, pienso y decidí que lo mejor es llegar hasta aquí. Concluí que no valió la pena haber pasado tantos "sofocos", malos ratos, persecuciones, amenazas, difamaciones, hackeo de cuentas, por atreverme a decir las cosas y que todo siga igual. El alto en el camino es necesario, seguiré viendo desde mi ventana, como una simple espectadora. Si Cartagena decide derrumbarse como aquel edificio en Blas de Lezo, bien puede, caeremos todos con ella. Sabio es aquel refrán que dice "sarna con gusto, no pica". Por lo pronto, yo me cansé. Mucho ánimo para los que aún no se cansan, ojalá logren sacudir a los resignados y conformistas, que son mayoría. Gracias por dedicarle tiempo a mis columnas en todos estos años y perdonen “la quejadera”. Nos seguimos viendo en el camino.