En los últimos 12 meses el gasto fiscal de Venezuela aumentó en el 40% en beneficio de los “países amigos” del chavismo. El gasto total para el internacionalismo fue del 51% del PIB bruto y generó un déficit fiscal del mismo que se califica como el mayor de toda su historia. Ese gasto fue generado por el populismo interno y externo del chavismo, hoy en manos de Nicolás Maduro, quien para su reelección inundó la economía con clientelismo nacional e internacional.
Este país obtuvo en 2016 ingresos aproximados a unos US $ 60.000 millones de dólares por concepto de ingresos petroleros. Con todo eso y especialmente con las elecciones pasadas en las cuales Nicolás Maduro de una manera descarada, le robó las elecciones al candidato de la oposición Enrique Capriles, de allí se comienza a vislumbrar la gestación del nuevo tirano de la mejor línea del chavismo populista que seguirá con los regalos económicos a países como Cuba, Argentina, Nicaragua y otros del área para tratar de mantener la hegemonía ideológica con el poder de los petrodólares y el riesgo evidente de que cualquier caída en los precios del crudo pueda continuar con el desmoronamiento del aparato productivo de ese país.
El gobierno chavista gastó sin ningún control interno, lo que ha llevado a ese país a ser un importador de la mayoría de los productos de consumo interno cotidiano y ha deteriorado la economía interna que se traduce en que la tal “Revolución Bolivariana” que duró los 14 años de Chávez, reformó a su antojo la constitución en 69 artículos para adaptarla a un sistema de reelección permanente de los presidentes, muy similar a los 53 años de ejercicio del poder dinástico de los hermanos Castro en Cuba.
Y en esas está y sigue Venezuela con su increíble festín del gasto populista que con el nuevo “dictador democrático” Nicolás Maduro, quien controla las tres ramas del poder público y mantiene apariencia de democracia económica y social con un nivel de inseguridad alarmante. La oposición trata de cambiar las cosas, pero todo queda reducido al poder avasallante de Maduro que ha terminado de destruir el aparato productivo de ese país que no se le ve un futuro muy claro.
La democracia formal utilizada en ese país es el ejemplo a no seguir porque no es más que el fortalecimiento de una sociedad corrompida con un estado paternalista y personalista que legitima la corrupción a favor de los que están con el tirano de turno inspirado en el chavismo que compra conciencias de otros “líderes” latinoamericanos que siguen admirando ese modelo que vulnera la esencia de la democracia, y todo por el puñado de dólares que reciben.
*Abogado
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