No creo, sin descartar las sorpresas, que Gustavo Petro y Armando Córdoba sean elegidos presidente de la República y alcalde de Cartagena, respectivamente. Pero leyendo la reseña periodística sobre la manifestación de la Colombia Humana aquí, en el barrio Chiquinquirá, observé que Petro se adelantó a los aspirantes a la Alcaldía con la exposición de todo un programa de gobierno para la ciudad, y eso cala en la gente.
Petro tiene la ventaja de que dice, bien explicadas, las cosas que los colombianos quieren oír, en momentos en que padecemos una crisis caldeada por las demasías de la clase dirigente y el fracaso del modelo económico. De ahí su posición en las encuestas, por dudosos que sean dichos sondeos, pues en el ambiente se siente la transpiración de la inconformidad por la prolongada ristra de corruptelas en las tres ramas del poder y el acentuado desmedro de las instituciones.
La demora del señor Santos en convocar las atípicas trajo como consecuencia el atraso de la nueva burguesía cartagenera para decir qué hará con el futuro incierto que nos acecha. Cualquier lista de propuestas, después del 5 de marzo, sería un plagio del discurso de Petro, en especial si aluden a los problemas más críticos como los trastornos en el ecosistema, los riesgos de los barrios marginados, la falta de calidad educativa, los atentados contra el patrimonio, etc.
Cuánto daño, además, le causó el señor Santos a Sergio Londoño Zurek demorándolo en un encargo con el cual pretermitió requisitos que lo obligaban a designar un candidato de “Primero la Gente”. Pero no. Se aprovechó de una tinterillada con el cuento de la terna que no se envió para despachar a sus amigos políticos con los movimientos burocráticos ordenados por él. Cuando las cosas se hacen bien, acaban bien; cuando se hacen mal, acaban mal. Síntesis, el sacrificio inútil de Londoño Zurek.
Claro que el adelanto de Petro no es que afecte mucho a los candidatos que repetirán lo que propuso. Acá el programa es más sencillo: el billete. El que más tenga y gaste gana. Y al ganador solo le interesarían el ecosistema, los barrios marginados, la falta de calidad educativa y el patrimonio, en la medida en que el o los contratistas aportantes (ahora también hay coaliciones de contratistas) puedan recuperar su inversión.
No veo como triunfadores, en estas circunstancias, a David Múnera ni a Armando Córdoba ni a otro aspirante que aún crea en el voto sano y consciente. Los que vendan el voto por un Lleras verde o un Gabito Rojo serán la inmensa mayoría, y el 15 de abril, en lugar de una, comerán dos veces al día. Quien paga el voto se libera de compromisos con el votante. En eso desemboca la retórica preelectoral de unos “demócratas” que se alzan con el poder distrital comprándole un día de hambre al pueblo cartagenero.
carvibus@yahoo.es
