Se recurría a los dioses para la solución de los problemas. Después esa demanda se le formulaba a los gobernantes. Unos y otros han sido sordos a esperanzadas súplicas.
Las necesidades se han crecido a través de los tiempos. Perviven sentidas angustias en salud, educación y techo, pero las demenciales fuerzas de la insurgencia han propulsado como necesidad fundamental la seguridad. Nunca pensamos que en el siglo 21 un batallón contraguerrilla y un CAI policial, fuesen tan solicitados como un hospital o una escuela. La vida es un activo irremplazable.
Garantizar a los ciudadanos vida, honra y bienes cada día compromete más la presencia y los recursos del Estado.
Construir muchísimas viviendas produciría empleo y una reactivación económica notable, pero aún así, sería suicida descuidar la prioritaria seguridad, cuando los acuerdos de paz tienen tantas falencias que es necesario subsanar.
En estos debates, esbozan programas serios para dirigir el Estado. Oscilan en cuatro o cinco temas esenciales. Algunos expositores brillantes, mientras otros esgrimistas del verbo caen en ataques personales. Nos quejamos de la mezquindad de algunas propuestas, de ausencias o excesos de lo social, y de concesiones en normas y principios. Hay muchas alternativas.
Los griegos, inventores de la democracia, no creían en el progreso. El cambio les parecía una imperfección. El ser, la realidad suprema, es siempre idéntico a sí mismo. Cuando el ser cambia, lo hace bajo el modo armónico de la repetición, esto es, de la vuelta a sí mismo: eterno ritmo del combate que se resuelve en abrazo, de la separación que termina en unión para ser de nuevo separación, y así, sucesivamente, para siempre. El horror al cambio y al movimiento llevó a Platón y a Aristóteles a venerar el círculo como imagen de eternidad. ¿Cómo adaptar la democracia, que supone una sociedad estática o dotada de movimiento circular, a sociedades modernas adoradoras del cambio?
Repeticiones, reformas y hasta embelecos. Cada tanto tiempo reaparecen trasnochadas pero inteligentes tesis cepalinas. Tampoco nos extraña que nos quieran conmover con la posibilidad de una variante del viejo Plan Currie. Sin duda incrementaría empleo, pero con complicaciones si se desbordan en subsidios.
El ideal se transforma con el paso de los tiempos. El héroe constituyó el ideal humano en períodos arcaicos de los pueblos. La Roma republicana prefirió al cives romano. El cristianismo medieval ve realizado el ideal de perfección en el santo. Pero ya en el Renacimiento se sustituye a éste por el humanista. La civilización actual, por su parte, admira al científico y al tecnócrata.
El sueño se disipa en un parpadeo. A la imagen del país la lesionan situaciones adversas y equivocaciones. Es necesario y urgente un timonazo con sensatez.
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