Columna

Interrogantes

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RUDOLF HOMMES
20 MAY 2018 - 12:00 AM

Cada vez que hay una tragedia o un accidente como el que nos preocupa ahora en Hidroituango, o la caída del puente de Chirajara en la carretera de Bogotá a Villavicencio, surgen dudas que generalmente no se resuelven sobre la ingeniería, la corrupción, o la falta de previsión, pero rara vez se cuestiona la administración o se discute si hay fallas sistémicas o contractuales.  

La corrupción es una variable crítica. Si la firma constructora de los proyectos tuvo que pagar para que se le adjudicara la obra, es posible que no tenga toda la capacidad técnica o administrativa para llevarla a feliz término, y es muy probable que trate de recuperar el costo del soborno ahorrando en materiales o saltándose pasos o etapas en la planeación, diseño o ejecución de la obra. Si de entrada violó la ley, no va a tener escrúpulos para tomar otras decisiones cuestionables.  

Paradójicamente, la existencia de corrupción o la presunción de que la hay y que se deben tomar medidas para impedirla, inducen fallas de diseño en los sistemas de contratación, una mayor rigidez contractual y menos discrecionalidad para el administrador. La posibilidad de que el interventor o el administrador sean corruptos promueve formas de contratos que pueden prevenir la corrupción, pero generan otros problemas y riesgos de ejecución.  

Un excesivo énfasis en evitar situaciones o decisiones susceptibles de ser contaminadas por corrupción puede dar lugar a que estallen problemas por otros lados por no permitir un mayor grado de discrecionalidad del administrador o del interventor. Por ejemplo, si no se prevén situaciones en las que se puede revisar el costo o el plazo de ejecución de la obra para que los contratistas no intenten ofrecer condiciones excesivamente atractivas de plazo o precio del contrato para después renegociarlas, puede llevar a que el contratista recorte costos y reduzca calidad de obra o se salte pasos, causando calamidades posteriormente.

Esto también se relaciona con la administración del proyecto en la empresa administradora. El diseño organizacional de dichas empresas puede tener los mismos efectos que tienen las rigideces y limitación de discrecionalidades que aparecen en los contratos. Si la empresa es democrática y en ella impera la confianza, es posible que los problemas se detecten a tiempo, suba la información oportunamente a los centros de decisión y se tomen medidas antes de suceder los desastres. Por el contrario, en empresas excesivamente jerárquicas o autoritarias, los funcionarios tienden a esconder los problemas o a resolverlos inapropiadamente. No llega la información arriba, llega adulterada o solo se conoce cuando ya sucedió el incidente calamitoso. En la administración pública, es más probable que suceda lo que pasa en organizaciones privadas autocráticas, y las agencias de control coadyuvan a que esto pase con su insistencia en ejercer control sobre lo que miden mal, causando mayores males que los que intentan prevenir.
 

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