Siempre que alguien me pregunta por quién voy a votar para la Presidencia de Colombia respondo con una evasiva que mantiene mi decisión en secreto y revela al mismo tiempo mi posición política: no votaré por Iván Duque ni por Germán Vargas Lleras. De esa manera doy por sentado que tanto Gustavo Petro, como Sergio Fajardo y Humberto De la Calle serían buenas opciones para la Presidencia.
Lo que representan Duque y Vargas Lleras no lo merece Colombia. El desarrollo político del país ha sufrido demasiado con ambas posturas ideológicas. Duque, que hasta hace unos años era un completo desconocido (y sigue siéndolo en la rama Ejecutiva), es la máscara de falsa renovación que cubre el rostro de Álvaro Uribe Vélez, su mentor y jefe. Esto ya es un problema bastante grave: el que Uribe pretenda perpetuarse en el poder valiéndose de otras personas convierte al uribismo en una artimaña megalómana y no en una corriente política. Los candidatos que impulsa el Centro Democrático no son sino nuevos trajes que se pone Uribe a su medida, inventados con desesperación por culpa de la Corte Constitucional, que tumbó el referendo para una segunda reelección presidencial en el 2010.
Que no nos engañen ni confundan, Duque es Uribe disfrazado. Considerar su gobierno es volver a pensar en los falsos positivos, en una seguridad ‘democrática’ que descuida la salud y la educación públicas, en un Estado que ve victimarios donde hay víctimas y que se conduce a través de un pensamiento homogéneo en el que quedan excluidas las minorías sexuales y étnicas.
Frente a eso, Vargas Lleras no es la solución. Su campaña es el ejemplo más claro del poder de las maquinarias que resquiebran el sentido de la democracia. Aliado con personalidades condenadas por la justicia como el exsenador Álvaro ‘el Gordo’ García (preso por la masacre de Macayepo) o el exalcalde de Cúcuta Ramiro Suárez Corzo (preso por homicidio), la candidatura del nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo vaticina la oligarquía de siempre, la responsable de que en Colombia no hayan prosperado proyectos políticos enfocados en las necesidades de los desposeídos. Con Vargas Lleras no espero una reforma agraria que dignifique a los campesinos.
Por eso creo que Petro, Fajardo y De la Calle son los candidatos que más le convienen a Colombia. Ninguno, pese a sus errores, carga con el estigma de la corrupción. De la Calle podrá ser un político tradicional, no exento de escándalos, pero su discurso es sensato y toda la maquinaria cuestionada lo ha abandonado. Pensar en estas tres personas no es tibieza ni indecisión: es una postura política que tal vez no sirva de mucho en la primera jornada electoral, pero estoy seguro que será vital en la segunda vuelta.
Orlando Oliveros Acosta*
*Escritor