Sin ser politóloga, no tengo esas pretensiones, puedo entender y hacer un análisis sobre la situación de los colombianos en estos momentos. Era de suponer que algunos candidatos quedarían ‘mareados’ sin siquiera dar un pequeño giro, y les tocó entonces dar la media vuelta e irse con la luna al morir la noche. Nos metieron una polarizada bárbara, fundada en el miedo, logrando inyectarle al pueblo la vacuna que cambiaría sus vidas, llevándolos a los senderos de equidad, justicia social, igualdad de oportunidades y todo lo humano posible (demasiado humano) para resolver su situación de pobreza, y al tiempo, haciéndole creer al pueblo que el otro candidato rompería todo el Acuerdo de paz firmado en la Habana, y este país volvería a ser un sancocho de tuercas y tornillos, donde todos nos ahogaríamos en sangre por la balacera que volvería a llovernos.
Definitivamente la política es ágilmente tramoyera y se presta para chuparle la sangre a los incautos que comen del cuento, por esa misma hambre que tienen sus estómagos. Los resultados del domingo para la primera vuelta repuntaban única y exclusivamente en cabeza de dos candidatos, Gustavo Petro e Iván Duque. Lastimosamente, por unas cuantas hebras de cabello, al profesor Fajardo lo dejaron en tercer lugar y salió de la contienda. ¿Qué pasará entonces con lo que se nos viene encima? ¿A quién le caerán los votos del profe Fajardo, los de Vargas, y De la Calle?
Ahora empiezan los odios a convertirse en amores y los rumores en verdades y las verdades en conveniencias y las conveniencias en convicciones y las convicciones en ocasiones y las ocasiones en un trabalenguas de tira y enreda ideologías, y “Pan y circo para el pueblo”. Y bien dijo Salud Hernández al referirse a los colombianos, que se están enfrascando en un solo hombre que nos representará como presidente, pero olvidamos el Congreso, donde sus elegidos han sido montados por la maquinaria política en la compra de votos y que son los que también gobiernan al poner talanqueras o dar vía libre a un proyecto de ley.
Y a pesar de estos dos aspirantes de la primera vuelta, nadie se pregunta por lo que tiene al país hundido: la corrupción, en las ramas del poder público, estas que han olvidado el decoro y bagacean su nombre por tanto delincuente que las representa, no es solo un hombre ni en cabeza de este que se ripia un país, son muchas cabezas que se olvidaron de la ética y su moral está extinta y siguen persiguiendo sus intereses personales, prevaleciendo su agalludez por sobre el bien común. Entonces, ciudadanos, los convoco a votar masivamente el 17 de junio, no se queden en casa. Ante esta realidad inminente, un voto si hace la diferencia. No a la abstención. Una cosa son las ideologías, y otras la realidad y la utopía.
Lidia Corcione*
licorcione@gmail.com
*Columnista