Hace hoy veinticinco años Chicago amaneció estremecida por un viento que no era de los que suelen azotarla: el de que Miguel Bosé se había convertido en mujer. Lo comentaban los comerciantes ricos del Downtown, los golfistas de Northbrook, los encopetados de Evanston, los peatones de la Avenida Sheridan, los bañistas del Lago Michigan y los cubanitos de La Única, una tienda de productos marinos. El desconcierto y el escepticismo no bajaban de punto.
Se recordaban viejas historias, y más de un periodista octogenario trajo a cuento el caso de aquel soldado hermafrodita que, al regresar de la guerra de Corea, se operó por donde tenía que ser para casarse, con traje de novia y en la catedral de San Patricio, con el hermano del médico que canalizó su inclinación femenina. En Chicago y sus alrededores, el alboroto no convencía a muchos de la inesperada conversión del cantante, excepto a un joven político de nombre Barack Obama.
Extrañaba que redactores y corresponsales no hubieran armado un escándalo de proporciones planetarias. Eso aumentaba la incredulidad. Un plato tan propicio para el sensacionalismo y el chismorreo tenía que ser difundido en abono de la frivolidad, aunque una decisión de Bosé que apuntara al cambio de sexo se presumía verosímil, sobre todo por la circulación de una foto del hombre con cabellera rubia larga, vestido de lentejuelas a la rodilla, media con vena trasera y zapatos de tacón alto.
La foto apareció en un magazín precedida de un título rotundo: “Bosé convertido en mujer”. Ni siquiera el atuendo convenció de que fuera real tanto realismo, debido a que cambiar de vida, oficio y gustos no era el caso del vástago de Luis Miguel Dominguín y Lucía Bosé. Su voz grave y nítida rechazaba las deformaciones, por ser ya patrimonio de la humanidad. Entre los hispanos, el revuelo inundó una tarde al museo de Ciencias e Industrias.
Todo obedeció a que fue un director de cine y no un cirujano quien practicó la operación que engañó a unos y puso a cavilar a otros. Pedro Almodóvar le encasquetó al Bosé detective -en la película que protagonizaba- tacones ajenos y cumplió su misión disfrazado de mujer para que los criminales buscados cayeran en la fascinación de enamorarla. Entre arrumacos y sobijos, ella los pondría en confesión ante los rostros atónitos de Marissa Paredes, Bibi Anderson, Victoria Abril y Lole León, sus compañeras de reparto
Bosé alcanzó a declarar, fuera de cámaras, que nunca antes estuvo tan descarado y tan provocativo.
Como a Lupercio Leonardo de Argensola, a Toño Paternina de la Espriella le hubiera gustado desarrollar el ideal horaciano de “la vida retirada”. Pero no pudo, se vino de Sincelejo y halló en Cartagena a su Ninfa Egeria, a cuyo lado vivió, con amorosa entrega, hasta el día de su muerte. En gloria esté.
“La foto apareció en un magazín precedida de un título rotundo: ‘Bosé convertido en mujer’. Ni siquiera el atuendo convenció de que fuera real tanto realismo”.