Desde antes de llegar los españoles, Turbaco era el pueblo principal de los Yurbaco, gracias a sus extensos bosques y manantiales cristalinos. Calamarí era solo un lugar de paso, donde pescar y recolectar crustáceos, caracoles y almejas, proveían de proteína a los nativos. Dada su importancia como puerto, los colonizadores se asentaron en Calamarí, renombrado Cartagena de Indias, sin agua potable y con un clima hostil. Tan importante era la ecología de la región de Turbaco, que en 1801 el explorador alemán Alexander von Humboldt, prefirió hospedarse allí en vez de en Cartagena (http://m.eluniversal.com.co/opinion/columna/humboldt-en-turbaco-12011). El primer acueducto de Cartagena, a partir de 1905 aprovechó las aguas puras de Turbaco, llegándose a acuñar la frase “aprovecha Juan, que es agua de Matute” (http://m.eluniversal.com.co/opinion/columna/aprovecha-juan-9028).
Hoy Turbaco y su cerro Coloncíto, con sus manantiales y extensos bosques centenarios, sigue siendo el principal relicto natural de la región, convirtiéndose en destino ecoturístico para propios y extraños. El Jardín Botánico Guillermo Piñeres (JBGP), en Turbaco, y los habitantes de las faldas del cerro Coloncito procuran mantener la zona con su cobertura vegetal milenaria y protegiendo los manantiales irremplazables.
El pasado 2 de junio el JBGP lideró una siembra de árboles nativos en las cabeceras e inmediaciones del arroyo de Matute, para fortalecer su estructura ecológica y generar conectividad entre parches de bosques a lo largo de vías y cercas vivas, perpetuando así la importancia ecológica de la región y enriqueciéndola como destino ecoturístico para Cartagena y el mundo.
Convocados por la Fundación Bavaria, apoyados por la Fundación Natura y la Universidad de los Andes, mediante su programa #MeUnoPorElAmbiente, a las 7 am llegaron al JBGPmás de 800 jóvenes de la región, superando con creces las expectativas. Niños de poca edad, jóvenes, adultos y adultos mayores, todos con camisetas rojas, atiborraron la antigua vía del ferrocarril y los potreros aledaños.
El JBGP, que durante 40 años se dedicó a investigar y educar para conservar el bosque seco tropical, con el vivero forestal de plantas nativas para restauración ecológica mas importante de la región, preparó 2,000 huecos y escogió el mismo número de arbolitos de caoba, caney, macondo, guayacán de bola, caracolí, ceiba de leche, ceiba roja, bonga, majagua, totumo, roble morado, polvillo y guacharaco, entre otros. Por la gran afluencia de voluntarios animosos, aumentamos la cantidad a un récord de 2,375 árboles sembrados, la mayor cantidad del país. ¡Que se repita!