Los ministerios de Justicia, Educación y Salud presentaron los resultados del Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar en Colombia, y los resultados del mismo, hacen un llamado a una profunda reflexión a todos los que directa o indirectamente pueden estar comprometidos con estas cifras.
Por un lado, llama la atención el descenso en el consumo de alcohol y tabaco, lo que demuestra que las campañas de promoción y prevención enfocadas en regular, informar y crear conciencia a través de la educación son efectivas y se deben fortalecer. La población escolar hoy en día está enterada de la situación y hay conciencia social sobre las consecuencias del consumo de estas sustancias.
Pero, infortunadamente, los resultados para el consumo de sustancias ilegales (marihuana, cocaína, éxtasis, bazuco, heroína, popper y LSD) no son alentadores, las cifras demuestran que estamos fallando en las estrategias para contener su consumo. De igual manera, llama la atención que la utilización de medicamentos tranquilizantes y estimulantes sin prescripción medica también ha aumentado en los últimos años.
De los resultados del estudio, preocupa el aumento en el uso de marihuana en adolescentes y la facilidad de acceso a esta droga. Su consumo va en aumento y su oferta también.
También hay cifras alarmantes sobre el consumo de cocaína en población escolar, el cual aumentó de 1,8 a 2,7% en los últimos años.
En Cartagena, el panorama del consumo de drogas alucinógenas en jóvenes y adolescentes tampoco es el mejor, según datos publicados en 2017 por el Departamento Administrativo Distrital de Salud- DADIS, el número de pacientes atendidos en hospitales e instituciones de salud por complicaciones asociadas a consumo de alucinógenos fue de 994 pacientes, de estos 241 eran menores de edad. Sin embargo, estas cifras que de por si son alarmantes, no muestran la realidad del consumo debido a que este reporte refleja sólo los casos complicados o que por alguna razón requirieron atención médica y no el consumo regular que puede presentarse en nuestros barrios.
La problemática del consumo de drogas no sólo está afectando a nuestra sociedad aumentado las cifras de deserción escolar, violencia, pandillismo y prostitución, sino que también afecta al sistema de salud que no está preparado para enfrentarlo, el número de camas, de profesionales y especialistas para su manejo, de centros de rehabilitación y sobre todo de recursos para atender a esta población son insuficientes.
Ante este panorama, que podría empeorar y del cual todos los actores sociales y del sistema de salud son responsables, se deben fortalecer las actividades de promoción y prevención, no podemos descuidar las acciones que se vienen desarrollando en Cartagena para frenar el flagelo y que tienen que ver con la formación a agentes multiplicadores de salud mental (adolescentes vulnerables que se convierten en multiplicadores del mensaje de prevención del consumo y que hoy son cerca de 3 mil). Las estrategias “- Drogas + Arte” y “Métele Mente y Decide”, desarrolladas con el fin de mitigar el consumo en jóvenes afectados por la problemática y las intervenciones en instituciones educativas públicas y privadas deben seguir fortaleciéndose.
Ya nos dimos cuenta que muchas de las estrategias empleadas para controlar el consumo de alcohol y tabaco son efectivas y estas pueden ser replicables para el caso de otro tipo de sustancias. En nuestras manos está el reto y debemos asumirlo. Nuestros niños, niñas y adolescentes se lo merecen.
