Las artes plásticas utilizan materiales que pueden ser modificados o moldeados para crear una obra. Así, el artista refleja, con diversos recursos, la imaginación o visión que tiene de su realidad. Las artes plásticas son la pintura, la escultura y el dibujo, entre otras. Ellas han inundado nuestro mundo de grandes maravillas.
Sin embargo, hoy quiero hablarles de otro plástico. De ese material amorfo y capaz de asumir cualquier forma para sernos útil pero que, luego de usado, es imposible desechar por la naturaleza a la cual termina asfixiando y destruyendo.
Aunque el primer plástico se creó hace más de 150 años, solo fue hace unos 60 años que Ziegler y Natta desarrollaron el polietileno y polipropileno con lo cual compartieron el premio Nobel de Química.
Un reciente estudio ha demostrado que, desde el comienzo del mundo plástico, el ser humano ha producido más de ocho mil millones de toneladas métricas. La producción mundial ha aumentado de 2 millones de toneladas, en 1950, hasta más de 400 millones en 2015. De todo eso, muy poco se ha reciclado o incinerado mientras que un escandaloso 79% se acumula destructivamente en nuestra vida. Se ha proyectado que, en el 2050, 12 mil millones de toneladas de plástico nos ahogarán la naturaleza. Por eso se ha planteado la inaplazable necesidad de repensar nuestras prácticas de gestión de residuos.
El plástico se fabrica creando cadenas largas de moléculas pequeñas en un proceso llamado polimerización. Nuestros glóbulos rojos utilizan sus 120 días de vida para transportar oxígeno por todo el cuerpo. Investigadores de la Universidad de Melbourne, Australia, desarrollaron, recientemente, una técnica en la cual mezclaron la sangre de oveja con una enzima que convierte el oxígeno de la sangre en peróxido de hidrógeno. Este a su vez reaccionó con el hierro de los glóbulos rojos para formar radicales de hidroxilo que luego formaron plástico a través de la polimerización. Los investigadores dicen que la técnica abre la puerta a la manipulación no invasiva de tejidos y células.
El hermoso poema de Rubén Blades, hecho canción, describe a los plásticos: no sudan sino que destilan, no se rebajan a vivir la realidad y por eso levitan en sus sueños; esos, y esas, que viven en su cosmos de conversaciones plásticas, que comen de apariencias y por ello buscan el perfil que la sociedad plástica les ha impuesto; de quienes viven un mundo inexistente idealizado por la publicidad; una realidad donde risa y llanto vendieron libertad y destino por comodidad; confundidos por las caras que han escondido el fondo y la razón en un universo carcomido por el cáncer del parecer antes que el ser.
En su premonición apocalíptica Blades decía que el plástico se derrite pero, ahí se equivocó, antes nos derretiremos todos, pues ya hasta nuestras células pueden volverse plástico.
“Un reciente estudio ha demostrado que, desde el comienzo del mundo plástico, el ser humano ha producido más de ocho mil millones de toneladas métricas”.
*Profesor Universidad de Cartagena