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Vivir en una ciudad hermosa tiene complicaciones. Hay que soportar especiales incomodidades. Quienes aquí habitamos sufrimos deterioro en calidad de vida al tener que compartir con muchos visitantes el limitado espacio. Así nos pasa a los gordos, no cabemos en la ropa.

Todo lo anterior genera un sentimiento contra el turista que además de problemas, deja dinero.  

Cuando nuestro turismo incipiente nos enreda, llegamos a preguntarnos si esta  "industria sin chimeneas" justifica tantas vainas negativas. Algunos viejos Cartageneros mamaban gallo y con dejo guasón, pronosticaban que íbamos a terminar imitando a los camaradas al gritar " Turista Go home". Por supuesto que solo era exageración burlona. En realidad somos poco cosmopolitas, pero amables.    

Cuando está por acabarse un week end suspiramos pensando que falta poco, al recordarnos el viejo cuento de que el huésped más querido se asimila al pescado, que huele mal a los  2 días...

Para compensar todas estas vivencias se adopta la recomendación de Agustín Lara, sentidor y filósofo: "que paguen  con brillantes tu pecado". Pero han exagerado la nota, el abuso se desmadró y la carestía hará imposible seguir "vendiendo" Cartagena.

Hay que seguir elementales normas de buena educación con los visitantes. Así mismo es necesario recordar que el cliente siempre tiene la razón. Quien nos visita no es nuestro enemigo, todo lo contrario, nos hace una distinción eligiendo Cartagena. Claro que los Yanquis afirman eso por que ellos se sienten los clientes, ya que  cuando somos nosotros los turistas, apenas nos dicen "Sorry". Expresión que parece significar "te fregaste con J", no tienes ningún derecho  y así nos dan el  más impersonal de los rechazos.

El cardumen de turistas ha propiciado festín de especuladores. Se están excediendo hasta matar la ponderada gallina de los huevos que sabemos. Han llegado a confundir caribe con carestía. Eso resultará suicida, irreflexivo y tonto. Sitios modestos que cobran gaseosas  a 7, jugos a 10, cervezas a $15.000, y en las playas masajes a $ 200 mil.   

Está bien si el plan es esquilmar al turista para que no regrese. Es aberrante un plato de pasta en $ 50.000, exigir $75.000 por un Steak  o por un pargo. Una langosta en algunos sitios, llega a los 120 mil. Cartagena hoy es más cara que Aruba y Panamá.

Pero hay algo peor: las cajas de los supermercados siguieron su glotonería después de reajustar precios. Llevan del bulto raízales y turistas. Cuando alguien sale a vacaciones, a pasear, sabe que al turista le cobran un poco más y lo acepta resignado. Pero todo el año...

P.S. Es bueno esclarecer si ¿es cierto que se llevan el Reinado de Belleza a Medellín? Y ¿lo de la Base Naval a Curramba? Y ¿las playas, las murallas y la historia procera a cualquier lugar cercano a la metrópolis chibcha? 

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