El día de ayer como una pavorosa e indignante revelación, se hizo viral un video en el que se observaba a dos niñas menores de edad obligando a otra menor, que seguramente no superaba los 5 o 6 años, a inhalar el humo de la marihuana incentivando, muy seguramente, a su consumo. Todo esto sucedía mientras otra persona filmaba un video que, afortunadamente para todos los actores de tan macabra escena, se hizo viral. Y digo que afortunadamente se hizo viral ya que su difusión permitió que las autoridades intervinieran en el asunto brindándole protección a los afectados.
Esta situación, que sin duda escandalizó a todos quienes lo vimos, muestra una realidad que algunas personas no quieren ver pero que ha sido denunciada por organismos como el Instituto Colombiano de Bienestar familiar y que ha sido portada en las últimas semanas de algunas de las revistas de opinión más importantes del país. Son preocupantes las cifras de consumo de sustancias que van desde el alcohol, pasando por un sinnúmero de drogas hasta terminar en las altamente adictivas y peligrosamente nocivas como la heroína y el LSD.
La escena del video que se produce en el barrio Siloe, de Santiago de Cali, se puede estar presentando en este momento en cualquier otro barrio de cualquier estrato social de Colombia. La situación del consumo de drogas en los niños cada vez inicia a menor edad y ha permeado todos los niveles culturales, sociales y económicos del país. No distingue región ni condición y está pasando al frente de una sociedad en muchos casos permisiva y que tiene la obligación de hacer algo para evitarlo.
Estas conductas que buscan inducir el consumo comúnmente son aprendidas y replicadas por quien induce y quien es inducido convirtiéndose en un círculo literalmente vicioso.
La pregunta que nos debe surgir a todos es, ¿cómo vamos a hacer para evitar que estas situaciones se repitan? Hace pocas semanas el video lo protagonizaron un grupo de jóvenes que inhalaban lo que parecía era cocaína en un bus de Transmilenio, y ya hace algunos años en televisión se presentó el caso de los “niños heroinómanos” de Rosales en Bogotá y de otros en Bucaramanga.
A parte de lo anterior, es una queja frecuente de algunos rectores de colegios la presencia de jíbaros y expendedores de drogas en las puertas de las instituciones y ni que decir cuando los vendedores son los mismos estudiantes de los colegios que inducen el consumo y a la vez comercializan la droga dentro de las aulas.
Otros casos recientes tienen que ver con el desmantelamiento de redes de distribución de alucinógenos dentro de las universidades de la capital.
Cartagena no es ajena a esta problemática de la comercialización y consumo de estupefacientes y a ello se le suma otro que está íntimamente ligado al mismo y es la prostitución. Esta mezcla de drogas, abuso sexual y prostitución infantil es tan nociva para nuestra sociedad que está destruyendo a la niñez y la adolescencia y tenemos la obligación de darle una solución definitiva.
Hace pocas semanas la policía desmanteló en el barrio el Pozón una red de expendedores de drogas que utilizaba niños para la comercialización de alucinógenos, esta situación se puede seguir presentando en cualquiera de las zonas donde se comercializan estas sustancias en la ciudad.
Estamos pues, ante un problema que tiene múltiples aristas involucradas: niñez y adolescencia, microtráfico de alucinógenos, abuso y explotación sexual infantil, pandillismo, deserción escolar, pobreza y falta de oportunidades, descomposición familiar, violencia intrafamiliar y quien sabe cuántas más.
Es un problema que también está afectando al sistema de salud, las cifras de consulta en las urgencias de los hospitales por problemas relacionados con drogas van en aumento, ni qué decir de las consultas y urgencias psiquiátricas donde el consumo de alucinógenos puede ser la causa que dispare la crisis y si vemos el número de consultas por abuso sexual también muestra una tendencia al alza.
Como se puede ver, el problema de la droga se relaciona con múltiples situaciones y afecta a prácticamente todos los componentes de nuestra sociedad, para manejarlo se requiere de la combinación de múltiples estrategias que deben estar enfocadas en la prevención y el control de todos los factores de riesgo para prevenir el consumo, así como de acciones efectivas que ofrezcan alternativas de tratamiento y manejo para los pacientes farmacodependientes. Una tarea muy difícil pero que es necesaria hacerla por el bien de nuestra sociedad, de nuestra querida Colombia y sobretodo de las personas que hoy están inmersas o que en el corto plazo podrían caer en el mundo de las drogas.