El próximo martes, 9 de octubre, la emisora UDC Radio, de la Universidad de Cartagena, cumplirá diez años de estar al aire.
En lo que a mí respecta, tengo una fortuna de nueve años haciendo parte del abanico de variedades de esa estación, mediante el programa dominical “Música del patio”, al cual llegué por intermedio de la entonces directora Marta Amor Olaya y del lingüista Juan Carlos Urango Ospino.
Con este último, y con el filósofo Eduardo López Vergara, surgió la feliz coincidencia (¿o diosidencia?) de que, cada uno por su lado, había soñado con algún día dirigir un programa musical, pero con mucha intención didáctica, investigación y justicia cultural, lo cual sería difícil de materializar en una emisora comercial.
Esa oportunidad la brindó UDC Radio, gracias a su condición de organismo estatal, donde casi podría decirse que no existen limitaciones para la imaginación y la creatividad, tal como conviene a los ambientes culturales y educativos donde la intención primera es compartir el conocimiento con los oyentes, quienes en determinados momentos también podrían hacer sus aportes, en una suerte de interacción que ha venido dando sus frutos en estos diez años de visible permanencia.
Gracias a todas esas bondades, UDC Radio ha llenado un vacío en la radio cartagenera, donde las emisoras de la banda FM ganaron espacio en las preferencias de los oyentes, de paso opacando la labor de las pocas estaciones del espectro AM.
Pero cabe lamentar que esas conquistas no siempre fueron bien aprovechadas por sus conductores, aunque tenían todas las posibilidades, empezando por la gran sintonía que a diario tienen en toda la ciudad.
Se necesitaba entonces de una nueva estación en la misma banda, que también conquistara público y aprovechara esa ganancia para formar tejido social con propuestas inteligentes y justas, tanto en lo informativo, lo musical, lo deportivo y todo lo que necesite la construcción de un nuevo cartagenero, para una ciudad a la que le urge cambiar su manera de asumir el universo.
Ahora no solo habría que celebrar los diez años de UDC Radio y desear que siga muchos años más fortaleciendo a cada minuto su labor; también hay que desear que se funden más emisoras de ese tipo, dirigidas, sobre todo, a lo más popular de la ciudad, allá donde se cree que cualquiera está capacitado para agarrar un micrófono y emitir mensajes de ningún modo constructivos; más bien degradantes y constituidos en el mal ejemplo que no necesitan los menos pudientes.
“A la altura de los tiempos”, una de las glosas de UDC Radio, me parece más que acertada, porque es esta una época propicia para mirar las cosas de otro modo, para revisar lo que se ha hecho, para recuperar la espiritualidad que se perdió cuando alguien se inventó que la producción monetaria debe ser el leitmotiv de la existencia.
“(...) también hay que desear que se funden más emisoras de ese tipo, dirigidas, sobre todo, a lo más popular de la ciudad (...)”