Columna

Sin mermelada sí hay paraíso

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GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO
29 OCT 2018 - 12:04 AM

Uno de los dos derroteros para ponerle un hilo conductor y darle una gobernabilidad (seguramente con muchas dificultades de lograrlo) de largo aliento al mandato del presidente Iván Duque Márquez, será prescindir de conceder prebendas políticas para cualquier acto de su gobierno, lo que en la práctica es un acto de corrupción.

Prescindir de la vulgar teoría de que sin aceite la máquina no se mueve. Es decir, el combate a la corrupción debe ser el hilo que conduzca su gobierno por encima de todas las otras estrategias. Esto le dará la gobernabilidad suficiente basada en el apoyo popular, la gente está hastiada de la corrupción, quien la combata con éxito se ganará un pedestal en todas las plazas de Colombia.

La corrupción, esa que Santos en la búsqueda de sus objetivos usó con descaro, convirtió su gobierno en una prostituta nada barata. Cuyo alto costo es el desorden institucional que encuentra el gobierno entrante de Iván Duque. La mermelada, como se le llamó a la corrupción con sorna en esos dudosos ocho años de gobierno, pervirtió las instituciones, tanto que se supone que es imposible gobernar sin ella.

Valiente el presidente Duque de arriesgar su gobernabilidad sin ese perverso “insumo”, que se convirtió en una mala costumbre por la que se supone que es imposible gobernar. A esa grave situación se le suma con preocupación una férrea y desenfrenada oposición que no se contenta con nada, y cuyo objetivo no son las conquistas sociales, sino la desestabilización del gobierno Duque. Poco le importa a la oposición de izquierda que el presidente haya subido como nadie lo ha hecho antes el presupuesto de la educación, muy por encima del de la “guerra”, guerra entre comillas porque la seguridad es el primero de los bienes de una democracia, sobre todo en un país con una paraeconomía de 300.000 hectáreas de coca y con una producción de 1.500 toneladas métricas de cocaína, convirtiendo a los delincuentes en un paraestado con mucho poder económico.

Tan  descomunal y desestabilizador, que pone en peligro el concepto de Estado. Este, el de la seguridad y el ataque frontal a los cultivos de coca deberá constituirse en el segundo hilo conductor de su gobierno. El resto será añadidura; gobernar con los mejores, utilizar las pocas y posibles coaliciones para la gobernabilidad, pero sobre todo buscar el apoyo popular. De hecho el pueblo, los 10 millones de votos, hay que consolidarlos para buscar 5 millones más de adeptos en aras de consolidar en el 2022 lo logrado en este cuatrienio. Este gobierno no solo debe ser bueno sino excepcional, del resto no habrá una segunda oportunidad para los colombianos y lo que se cierne encima de nuestras cabezas serán los gobiernos populistas de izquierda, esa que arrasa como una plaga todo lo que toca.

¡La suerte está echada, apoyemos a Iván Duque!

“El resto será añadidura; gobernar con los mejores, utilizar las pocas y posibles coaliciones para la gobernabilidad, pero sobre todo buscar el apoyo popular”.


Gabriel Rodríguez Osorio
gabrielrodriguez@ibrinmobiliaria.com
 

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